Anna Bullus es una diseñadora británica con una fuerte inclinación a la industria sustentable. Y esta vez pensó: ¿qué podemos hacer con la inmensa cantidad de chicles que consumimos por año? Simple, suelas de zapatos.

Si, así como lo lees. Y es que luego de investigar los componentes del chicle encontró que la goma base es sintética, muy similar al plástico. Así que una vez que la corta vida de la golosina termina, aún puede ser útil para la industria de la moda.

El proyecto ya cuenta con socios industriales y no solo se aboca a los zapatos, sino que ya experimenta con todo producto que tenga contenido de plástico. Cada objeto que fabrican tiene, por lo menos, un 20% de chicle usado.

Cada año en el mundo se gastan más de US$19.000 millones en chicles y son el segundo tipo más habitual de basura callejera, después de los restos de cigarrillos.

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