La Argentina está hoy inmerso en un debate que trasciende las fronteras de la previsión social, aunque quienes son llamados a opinar son aquellos que se dicen especialistas en derecho previsional. Una película que, con sus matices, ya la hemos vivido, no hace tantos años.

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Los que no nos consideramos sólo especialistas en derecho previsional, sino en el derecho de la seguridad social –que lo contiene- tendremos siempre una visión distinta de aquellos, lo tuvimos antes y lo tenemos ahora. Y eso es razonable. Siempre que se trata de ampliar derechos, el previsionalista pensará en la caja, en los gastos y, los que consideramos a la seguridad social como un derecho humano, que le corresponde a todo ser humano por el simple hecho de serlo, como una nueva conquista de esa herramienta de distribución de las rentas.

Hay quienes creen que el cambio de sexo es una artimaña para jubilarse 5 años antes

Ese fue el debate que dimos, y ganamos, cuando aquellos decían que se despilfarraban los ingresos del estado financiando vagos con las leyes de inclusión jubilatoria que nos llevaron a tener el 98% de cobertura previsional, y festejaban un fallo de la CSJN que tiraba por la borda los principios de solidaridad y equidad, y ordenaba que 12 aumentos dados en emergencia económica a los más pobres, se les dieran a los jubilados más ricos, basados un principio de “igualdad” privatista. En aquella oportunidad la discusión se fundó en que, para ellos, los hombres y mujeres que estaban fuera del sistema eran vagos y, para nosotros, eran excluidos a los que les correspondía al igual que a todos, ejercer su derecho a la seguridad social, por ser un derecho humano. Lo que hicimos fue buscar la manera, incluirlos, porque no concebíamos, como ellos, que una persona podía llegar a la edad jubilatoria sin haber trabajado nunca, o por lo menos no esa gente de necesidad absoluta que fue la que logramos incluir, a la que ellos tildaban de vagos.

Hoy sucede lo mismo. Creen que el cambio de sexo es una artimaña para jubilarse 5 años antes, para defraudar al sistema. No sólo desconocen el derecho humano a la seguridad social, sino también desconocen que, la libre elección del género también está reconocida en sendos tratados internacionales de derechos humanos y, que mucho les cuesta a aquellas personas que cambian de género transitar ese camino, que lleva un proceso médico y psicológico profundo y largo.

Esto tampoco es una novedad. No son sólo los opinólogos los que desconocen el derecho humano a la seguridad social, sino los propios jueces federales de la seguridad social, y los de la Cámara Federal de la Seguridad Social los que, en sus sentencias, se basan en los artículos de la Constitución Nacional que se refieren a la propiedad privada, pero no en el respeto de ese derecho humano que a todos los habitantes debe proteger. El caso más reciente lo vivimos en el amparo que presentamos pidiendo la inconstitucionalidad de la Ley de Reforma Previsional, en que la Dra. Cammarata sostuvo, que el derecho humano de un jubilado podía verse cercenado un poquito, que eso estaba bien. Eso, exactamente, es lo que propician los abogados previsionalistas que dicen que a aquella persona que ejerce su derecho a cambiar de género hay que reconocerle “un poquito” que era hombre y “otro poquito” que es mujer. ¡El estupor anida mi ánimo!

"La ampliación de derechos es una lucha que los sectores reaccionarios rechazan"

Lo que hace falta en la Argentina no es cambiar la legislación vigente, sino dejar de pensar al derecho previsional como una materia escindida del derecho a la seguridad social, porque la realidad es que sólo es una rama de ella. Y empezar a entender que el derecho humano a la seguridad social, reconocido hace más de setenta años por el art. 22 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, no hace distinción de género, raza, religión ni posición social, ni ninguna otra condición del ser humano y, como el resto de los tratados internacionales incorporados a ella, desde 1994, tiene la misma jerarquía que la Constitución Nacional.

Como siempre, la ampliación de derechos es una lucha que los sectores reaccionarios rechazan y, quienes defendemos a la seguridad social como la mejor y más eficaz herramienta de distribución del ingreso, seguiremos defendiendo. Lamentablemente, nuestro país ha retrocedido mucho en materia de protección del derecho humano de la seguridad social, no sólo para sus adultos mayores, sino todos y cada unos de sus habitantes. El presente es de lucha, pero el futuro será nuestro, si entendemos que la seguridad social es un derecho humano de la misma jerarquía que la vida y la libertad, y no permitimos como sociedad que los burócratas y los jueces de turno socaven esos derechos que tanto nos costó conseguir.

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