El 14 de marzo, Boca y River se enfrentarán en una final por segunda vez en la historia. Sin embargo, el Superclásico más esperado será sólo para los pocos que lo puedan pagar, una tendencia que se extiende por el fútbol argentino y que apunta a la privatización de los clubes.

“Los que quieren ver el fútbol gratis que se vayan a Cuba”, afirmaba en el año 2000 el periodista y protagonista posterior de uno de los escándalos de corrupción macrista más importantes, Fernando Niembro. Casi dos décadas después, el comentarista deportivo podrá ver realizado el súmmum de su sueño capitalista futbolero: Una final entre River y Boca, con transmisión codificada y entradas con valores irrisorios. Y que pague el que pueda.

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La final de la Supercopa Argentina entre el ‘Xeneize’ -campeón del torneo local- y el ‘Millonario’ -campeón de la Copa Argentina- se jugará en pocos días en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza, con transmisión de las señales “premium” TNT Sports y Fox Sports Premium y tickets que, según los rumores, estarán por encima del 10 por ciento de un sueldo mínimo vital y móvil.

Sin embargo, detrás de lo que parece ser una mera búsqueda salvaje del rédito comercial por parte de un conglomerado de medios privados se esconde una trama mucho más profunda: Limitar el acceso a un evento cultural tan popular como el fútbol, alejar a los hinchas de las instituciones, debilitar a los clubes más humildes y generar el contexto propio para la instalación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), un viejo anhelo del presidente Mauricio Macri.

El acceso al fútbol y otros deportes se reduce cada vez más con modificaciones a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el fin del Fútbol para Todos y el avance de los precios de las entradas y los únicos que sufren los embates son los socios e hinchas.

Superclásico codificado
<p> La triste imagen que ya dejó el Superclásico privatizado</p>

La triste imagen que ya dejó el Superclásico privatizado

“Estamos viendo que hay un aumento de precios en las entradas en todos los eventos de fútbol. En la final de la Supercopa también se habla de precios elevadísimos, aunque todavía no sabemos ni quién las vende ni cómo se venden. No hay condiciones para pensar que una entrada popular pueda costar 1.000 pesos”, sostiene Hernán Aisenberg, miembro de la Coordinadora de Hinchas, una organización que representa a fanáticos de 25 clubes de todas las categorías en defensa del rol social y cultural de esas instituciones.

Las entradas para el Superclásico rondarían entre los mil y los 3 mil pesos

Si bien todavía no se oficializaron los valores de las entradas, días atrás circularon los posibles valores: 1.000 pesos una popular, 2.000 una platea no cubierta y 3.000 las plateas cubiertas. La organización de la competencia está a cargo de Torneos -una de las empresas involucradas en el escándalo de coimas del FIFAgate- que, a poco más de una semana para el partido, todavía no anunció los precios ni los medios de compra de los boletos.

Pero esta no es una práctica limitada a la Supercopa. A comienzos de Febrero, la AFA anunció un aumento del 28 por ciento en el valor de los tickets de las distintas categorías. Así, una entrada para ver un juego de la Superliga cuesta 320 pesos.

“Es un tema que pasa en todas las competiciones que están por fuera del torneo de Primera División. Falta una regulación, los privados hacen los que quieren. Más allá de que todavía no se oficializó el precio es una locura que no esté regulado. Si no, pongamos las cartas sobre la mesa y dejemos de llamarlas ‘populares’”, considera Matías Daglio, pare de Boca es Pueblo, una organización de hinchas ‘Xeneizes’ que busca “un club popular y de puertas abiertas”.

De forma similar opina Sacha Huberman, de la Subcomisión del Hincha de River: “Buscamos un club popular e inclusivo. Entendemos también que el fútbol es un negocio comercial que implica grandes gastos por cubrir, pero nos parece una falta de respeto los valores que se rumorean. Lo mismo sucede con los valores de Copa Libertadores. Es un sacudón muy importante para la economía de la gente y la situación del país no es la mejor. Son totalmente excesivos y el espectáculo no lo vale”.

Pero incluso, sin costo ni puntos de venta confirmados, algunos ya hacen negocios con las entradas. La empresa de transporte Flechabus ofrece paquetes de entrada más traslado a Mendoza por un valor de 5.000 pesos para quienes parten desde la Ciudad de Buenos Aires. Asimismo, el portal StubHub -propiedad del gigante de comercio online Ebay- ya revende entradas con precios aún más abultados, aunque Torneos negó mantener vínculos con el sitio a Página 12.

stubhub
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“De por sí, en Boca tenemos bastantes problemas con las entradas. Desde que está Angelici hubo muchos manejos en los que no sabíamos cómo se manipulaban”, señala Daglio, al tiempo que vuelve a enfocarse en la Supercopa y destaca que “nadie da la información de cuántas entradas manipula cada actor. Hay una falta de información importantísima que deja al hincha desprotegido. Los hinchas estamos en el último escalón de todo”.

Para Aisenberg la cuestión es clara y va aún más lejos, “hay una elitización del fútbol que implica encarecer los estadios, las entradas, los trapitos, los estacionamientos, las bebidas, al televisación privada y todo eso apunta a que “sólo participen del fútbol los que lo pueden pagar”.

Huberman también percibe lo mismo y remarca que a los hinchas “no les están dando alternativa”, ya que “no hay manera de acceder al fútbol de manera gratuita y libre”. “El tema de que todo sea a través de un abono mensual complica la situación de los hinchas en muchos casos. Están intentando llevar el fútbol a un nivel de costo altísimo. Pareciera que buscan restringir el acceso de la mayor cantidad de gente. Sin embargo eso no va a resolver los verdaderos problemas del fútbol, como la violencia”, afirma.

“Esto viene de la mano de un proyecto político dentro del fútbol que implica que, si es sólo para el que lo puede pagar, sólo los clubes más grandes, que tienen una masa societaria mayor y de todas las clases sociales, van a seguir sosteniéndose mientras los demás se van a ver achicados en la cantidad de gente que los sigue. Es una forma de presionar el ingreso de las SAD”, asegura Aisenberg.

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Al tiempo que destaca que la estrategia recuerda a la vieja frase menemista “ramal que para ramal que cierra”. “En este caso podría ser ‘disciplina que no se autofinancia se cierra’, algo que pasa en Boca desde que asumió Macri en 1995. Y en el caso específico del fútbol 'club que no se puede sustentar se transforma en sociedad anónima'. La intención es que el fútbol se ordene por el mercado, reducir el costo para ampliar el negocio. No sólo se ponen en peligro las actividades sociales, sino también la existencia del club en sí mismos”, alerta Aisenberg.

Los casos de privatización en el fútbol son varios. Con mayores o menores recaudos a la hora de disfrazarlo, clubes como Racing, Belgrano de Córdoba, Deportivo Mandiyú, Sportivo Barracas, Talleres de Córdoba, Defensa y Justicia atravesaron o atraviesan formas de organización que rozan la idea de las SAD. Si bien algunos de esos casos han logrado el éxito deportivo en el corto plazo, la contracara son instituciones que se transforman en una cáscara vacía, que se limitan a una lógica mercantil y se olvida de su costado social y cultural.

La intención de Macri de que las SAD invadan el fútbol argentino no es nueva, ya en 2001, cuando era presidente de Boca, presentó un proyecto apoyado por el entonces gerenciador de Racing y actual funcionario de Cambiemos, Fernando Marín.

macri 2001

Al respecto, Aisenberg resalta: “Este proyecto viene de la mano de Macri y del proyecto que está gobernando el país. No es nuevo,hay miles de ejemplos y todos funcionaron mal porque el club no funciona económicamente más allá de la cantidad de socios y la participación en los clubes. El club social, como asociación sin fines de lucro, es lo que llevó a más de cien años de historia de los clubes. Va a ser difícil encontrar una SAD que haya durado cien años”.

Es “el negocio de unas pocas personas que quieren hacer plata con nuestra pasión” y se asienta en una calcada copia “del modelo español y chileno”, un formato que en el país europeo llevó a la ruina a más de 50 clubes, algunos con más de un siglo de vida. Sólo cuatro entidades se salvaron de transformarse en empresas, entre ellas Barcelona y Real Madrid, que sin embargo tienen un administración bastante similar a la empresaria.

“Si lo trasladamos a nuestro país, eso podría pasar sólo con Boca y River y los demás van a estar comprando y vendiéndose constantemente. Alrededor del fútbol hay reuniones sociales y culturales, asociaciones que se generaron y se autofinanciaron durante cien años. Uno crea todo tipo de relaciones alrededor de los clubes y todo eso se desarma cuando aparece la privatización en el medio por culpa de tres o cuatro empresarios que quieren hacer negocios con el fútbol y que son los mismos de siempre: Los Macri, los Marín, los Armando Pérez, los Fassi”, asevera el representante de la Coordinadora de Hinchas.

La decisión de la que nadie se hace cargo y afectó a miles de hinchas

En un principio, la Supercopa Argentina iba a disputarse en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, pero la AFA decidió modificar la sede por problemas con el estado el campo de juego.

El traslado de la final a Mendoza dejó un tendal de hinchas con viajes y estadías contratadas que en muchos casos no pueden ser modificadas. Sin embargo, ninguno de los actores encargados de la organización se hace cargo de la situación que afecta el bolsillo de varios fanáticos, según sostuvieron los tres entrevistados.

“Hace casi dos meses habían designado a Córdoba como sede y eso hizo que muchos hinchas sacaran pasajes por agencias o empresas low cost, que hoy no le permiten modificar el viaje y perdieron muchas plata”, relató Huberman.