Fue actor de cine, candidato a diputado porteño, personaje recurrente de magazines de espectáculos, pidió "20 lucas" y trabajo a todo pulmón, y saltó al ojo de la tormenta por declaraciones y peleas en televisión. Un paseo acelerado por el currículum público de Jorge Porcel Jr, hijo del actor y humorista Jorge Porcel, quien "revivió" gracias al stream, espacio donde lleva sus ocurrencias a públicos jóvenes.
En un mano a mano con El Destape, Porcel Jr habló de su presente tras su fugaz paso por la política, su historia familiar, los años de gloria en el cine -de la mano del director de culto Jorge Polaco- y la noche porteña, y su pico mediático allá por 2012, un episodio emblema de su paso por la televisión.
¿De qué vivís actualmente?
- Tengo que hacer 10.000 cosas para sobrevivir porque este momento está siendo muy duro para mí y para todos. Yo soy discapacitado y tengo una pensión, esa es mi base, pero en los últimos años enganché algunos ingresos con el streaming: estuve en La Canchita, también con Luquitas Rodríguez -que me dio una gran mano-, y en el periodismo político desde el 2023, con Santiago Cúneo. Ese fue mi regreso a los medios después de mucho tiempo.
También, en el verano me abrí una cuenta de TikTok y empecé a subir videos visitando restaurantes y fue un despelote, una gran salvación. Además tengo proyectos: voy a empezar un podcast de cultura y otro para hablar de temas generales.
¿Sos periodista?
- No, empecé estudiando teatro y después fui actor de cine hasta que empecé a hacer periodismo de guerrilla. En el 2002 me enamoré de las artes visuales, gracias a la movida underground de las fiestas electrónicas en los ‘90, y empecé a ser crítico de arte y periodista cultural.
¿Te considerás un personaje mediático?
- Realmente no. En estos últimos 10 años crecí como 30. Sobre todo después de la pérdida de mi mamá. Generalmente los hijos de actores o de gente famosa sufrimos el abandono de nuestros padres, porque no tienen el tiempo de estar al lado de sus hijos, y casi todos hemos sido infelices durante un largo tiempo. Pero yo, mal que mal, creo que he tenido suerte y una buena educación.
Además, me ocupé espiritualmente de mí mismo y practiqué mucho el budismo, lo que me ayudó a crecer como persona. Eso, la red de amigos y ser un consumidor asiduo de libros y cultura fueron un salvavidas.
Mencionaste que en tu infancia sufriste el abandono de tu papá, el actor y cómico Jorge Porcel. ¿Quién ocupó ese rol en tu vida?
- No existió. Los segundos padres empezaron a aparecer en la adolescencia. La pelea con mi papá empezó cuando decidí no estudiar Derecho y volcarme al teatro. Fue Pepe Parada, uno de mis primeros padres sustitutos, quien me apoyó y me mandó a estudiar actuación con Lito Cruz. En el ‘92 arranqué a hacer teatro y se me abrió un mundo; al año siguiente fui a hacer un casting con Jorge Polaco y quedé seleccionado.
Y a tu viejo no le gustaba nada de este camino…
- En absoluto. Es más, llegué a enterarme que había dado una orden de que no me dieran bola en los medios. La televisión es como meterse en una secta satánica (se ríe). Durante los ‘90 iba a los canales a dejar material y solo dos personas me dieron bola: Cris Morena, quien me contrató para unos capítulos de Chiquititas, y Jorge Rial.
Los comediantes de esa época, sobre todo los que venían de un origen humilde como mi viejo, eran bastante autoritarios, no eran dialoguistas. Mi viejo era un tipo muy jodido.
Pienso en lo difícil que debe haber sido para vos la adolescencia: para muchos argentinos Jorge Porcel era “un prócer del humor", mientras que en tu casa la realidad era muy distinta…
- Muchos daban por sentado que me podía coger las minas que trabajaban con mi viejo, pero la verdad es que en esa época yo estaba en el colegio, era chetito y alfonsinista. En la adolescencia no me interesaba nada del medio artístico.
¿Sentís que pudiste perdonarlo?
- Creo que estoy a punto de lograrlo, pero te mentiría si te dijera que lo hice. Honestamente no tengo ganas de ser un resentido o guardar rencores. No tiene sentido.
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¿Qué fue para vos el director Jorge Polaco?
- Fue la puerta de entrada al mundo del arte, fue mi primer trabajo serio, le debo mucho a él. Llegué a Polaco por un casting para gordos, para hacer de monje. Iba a hacer una película sobre Alberto Durero, que se iba a filmar en Roma donde hay baños de esa época. Para el personaje me dejé la barba y me hice un hábito de monje, llamaba mucho la atención. El rodaje fue mágico, él me decía cómo tenía que poner las manos, los brazos, cómo hablar y me dirigía el cuerpo como si fuera una marioneta.
Otra de las cosas que recuerdo de Polaco fue el rodaje de La Dama Regresa, que fue muy divertido. Filmamos con “La Coca” Sarli y con todos los travestis habidos y por haber, con musculosos y muchas minas. La pasé bárbaro y había mucha plata bien usada. “La Coca” me pareció impactante y pegamos onda enseguida, nos hicimos amigos. Era una mina grande, pero seguía siendo hermosa.
¿Creés que la industria del cine fue injusta con Polaco?
- Él tenía una personalidad muy especial, pero tenía la capacidad de aconsejarte como un tío. Creo que aunque tenía gente del cine importante que lo apoyaba -Claudio España, Manuel Antín y Ricardo Manetti-, también había muchos detractores.
Con Kindergarten, por ejemplo, tuvimos una discusión porque yo le dije que poner un chico de 5 años y que pasen ciertas cosas… yo no lo hubiera hecho. Tuvimos un intercambio, para la época fue algo inaceptable. Hoy no sé cómo lo tomaría la sociedad, pero él tenía la necesidad de romper con unos cuantos vidrios sobre todo de los críticos de cine. En esa época había viejos vinagres como Aníbal Vinelli que hacían un papel de malos. De hecho, me acuerdo que Vinelli dijo que las películas de Olmedo y Porcel eran “chabacanas y vulgares”. Qué sé yo…
¿Vos qué pensás de las películas de Olmedo y Porcel?
- Hay varios tipos de películas de Porcel y Olmedo. En la década de los ‘60 empezó a haber un vuelco de la comedia tradicional hacia lo picaresco, con Los caballeros de la cama redonda empezó un nuevo ciclo del humor en el cine, muy cerca de la comedia italiana y del destape español. Si ves las películas desde el ‘73 al ‘76 eran bastante subidas de tono. Esa fue la mejor época de películas de Porcel y Olmedo.
La etapa de las películas familiares, los '80, ya no me gusta tanto. Con el retorno de la democracia las películas de humor picaresco perdieron un poco el sentido, ya que ver una teta o un culo era algo más accesible de encontrar en la televisión y en las revistas.
¿Siempre te gustó la noche porteña?
- Cuando tenía 20 años vivía de noche. Ese interés nació en los ‘90, cuando empezó a haber una propuesta de glamour muy copada y también iba en busca de culos de señoritas… es la edad en la que uno va buscando un lugar donde depositar la ternura (se ríe).
Después, junto a Polaco empecé a conocer el underground y en esa otra noche no encontré tantos culos, pero sí mucha gente interesante. Las mejores minas están donde hay plata, pero no siempre son ámbitos necesariamente cálidos. Sí había educación y buena onda, lo que hizo que me ganara un lugar oficial en la noche. El Morocco, El Dorado, Ave Porco y otros tantos templos de los ‘90, fueron una gozada. En general se lo criticaba mucho a Menem pero él hizo mucho para la cultura y hubo un ambiente propicio para las expresiones artísticas. No todo era chatura.
En esos años de pizza con champagne, ¿tuviste relaciones amorosas con famosas del ambiente?
- No, pero la he puesto. Más por el mundo de las modelos, la publicidad y el cine. Ahí comí rico. Pasa que yo siempre necesité una buena conversación y en la farándula… es un tema.
Yo no me acuerdo cuando fue mi primer beso, pero sí de las primeras tetas que vi. Eso no lo olvido jamás. En lo sexual he robado pese a todo, porque ser obeso te jode bastante y el tema de la guita mucho más.
¿Más allá de lo sexual? ¿En el amor?
- Siempre quise enamorarme, pero nunca tuve suerte. Cuando me arrimé, lo hice con las minas equivocadas. Sufrí mucho por amor. Es muy difícil que vuelva a enamorarme… hoy muchas minas buscan sponsor. La verdad es que si quisiera tener una mina, tengo que ganar cinco millones de pesos y yo no tengo esa plata.
A los 20 quería amigos para divertirme y culos para mí; a los 30 quería amigos y mujeres que fueran cultas; a los 40, quería buena gente y a los 50, busco que tengan un corazón y sean solidarios.
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"Amalia Granata y Yanina Latorre son lo que son gracias a mí"
“En el 2012 yo me calenté en televisión por la sucesión de mi papá y eso fue un puterío inmenso. El medio me dio con todo, fui operado aunque en ese momento yo daba para el cachetazo. Aún así, ese episodio fue el que me hizo conocido y ser conocido te da poder”, remarcó Jorge Porcel Jr sobre aquel recordado programa de Implacables, programa conducido por Carlos Monti y Susana Roccasalvo, donde se trenzó en una picante discusión con las entonces panelistas Amalia Granata y Yanina Latorre.
Ese día te enojaste fuerte…
- No me enojé, marqué límites. Al programa lo estaban por levantar y me llamaron para que lo reviva. Amalia Granata y Yanina Latorre son lo que son gracias a mí. No les guardo rencor, fue un mal momento pero ya está.
¿Qué pasó ese día detrás de cámaras?
- Fue una emboscada. Lo que me extrañó de ese momento es que Sandra Villarruel me trató mal cuando éramos amigos. Ahí hubo un dinero… En un momento empezó a ser tanto el nivel de agresión que empecé a tirar mierda en balde para no quedar como un pedazo de boludo. Después de ese video la gente me tenía miedo en la calle, creían que era un tipo agresivo.
A la distancia, ¿sentís que esa exposición te benefició como personaje?
- Hubo un cambio cultural de toda clase, pero en esa época las feministas me tiraban con bazooka. Me decían maltratador de mujeres… si yo tuviera que hablar de las minas que me maltrataron a mí, gano por goleada. De todas maneras es cierto que ese momento terminó siendo un meme pop.
A Yanina Latorre le está yendo muy bien en la televisión, supo capitalizar muy bien su personaje. ¿Algo que quieras decirle?
- No busco que me pida disculpas, ni ella ni nadie de los que me emboscaron ese día, pero me gustaría que todos los que participaron reconozcan que, a veces, el medio ha llegado a extremos que están claramente fuera de la ética.
