La coyuntura que plantea la interna sindical expresa la actualidad del conflicto político nacional: dos posiciones enfrentadas del sindicalismometaforizan dos modelos opuestos de país que están en pugna.

De un lado, los dirigentes nacionales de Cambiemos como Carrió, Michetti y otros, que hablan de la fiesta pasada, aconsejan las limosnas, aprovechar la basura y esperar el derrame. Postura que está en consonancia con la asumida por los principales dirigentes de la Confederación General del Trabajo, Héctor Daer y Carlos Acuña.

Estos, tras celebrar una reunión con representantes de la Unión Industrial Argentina y el ministro de Producción, Dante Sica, llegaron a un acuerdo consistente en que la Administración Nacional y las empresas paguen un bono de fin de año de 5.000 pesos (desdoblado en noviembre y enero), a cambio de dar de baja cualquier tipo de paro convocado por la central obrera.

Luego de mantener una reunión con los representantes de la Casa Rosada, los referentes sindicales pasaron de apoyar el paro de 36 horas a rechazar la convocatoria e inscribirse del lado del Gobierno. Esos dirigentes comulgan, pactan y, en los hechos, aceptan la propina que propone el Gobierno, equivalente a la miseria neoliberal para los trabajadores.

Por el contrario, el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, aseguró que "El bono de la CGT es un paquete de humo, no existe. Algunos dirigentes quieren que la CGT sea el felpudo del gobierno" y advirtió que el Frente Sindical y las dos CTA seguirán con las medidas de fuerza, ratificando el paro general por 36 horas y la movilización. Se trata en este caso de dirigentes sindicales que luchan por los derechos y la dignidad de los trabajadores a partir del ideario de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, en oposición a aquellos otros que se arrodillan, mienten y terminan traicionando a sus representados.

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La interna sindical refleja la lucha entre dos modelos de país: el nacional popular y democrático orientado por la inclusión y los derechos, en oposición al modelo neoliberal que responde a la práctica de la servidumbre voluntaria al FMI, dejando como saldo un pueblo sin derechos.

La verdad del neoliberalismo es el bienestar de unos pocos y la angustia del trabajador indefenso, a la intemperie, casi sin derechos, desprotegido por el Estado. La angustia del amenazado que perdió o teme perder el trabajo, la casa, el plan social y no llega a fin de mes. Es el túnel, frío y sombrío, que conduce a una oscuridad sin remedio y ninguna luz al final. La angustia del expulsado, el desalojado, el nadie. La verdad del neoliberalismo no engaña ni se deja engañar: es la angustia hecha cuerpo, estómago y grito.

La verdad democrática aconseja a las personas no identificarse al resto de la indignidad, la basura, no acostumbrarse a la renuncia y al sacrificio porque es el camino del sometimiento circular y sin salida. La cultura democrática cree en el gobierno del pueblo, necesita dirigentes sindicales sensibles, capaces de registrar la angustia, de escuchar el grito de los trabajadores y transformarlo en derechos, que están muy lejos de ser bonos-dádivas de fin de año.

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