El 1 de agosto de 2017 no sólo fue el día de la desaparición de Santiago Maldonado luego de una feroz represión de la Gendarmería sino que marcó el inicio de una mecánica del horror, un dispositivo represivo planificado y sistemático desplegado por el Estado. Fue el bautismo de la nueva doctrina de seguridad nacional (que se remonta a un informe de la CIA de 2005 que colocó al indigenismo como los chivos expiatorios a eliminar) que contó con el explícito apoyo de sectores empresariales de la Patagonia, sedientos de represión, tal como lo explicamos desde Agencia Cadena del Sur (ver nota).

Esa mecánica del horror –con un antecedente previo en la represión del 10 de enero de 2017– incluyó la orden de Pablo Noceti, por entonces jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de ingresar a la Lof a como dé lugar con el único objetivo de llevarle a Patricia Bullrich la foto de un “mapuche terrorista”. Prueba de esa decisión fue que instantes previos al inicio de la cacería no había ningún corte de ruta y fueron los gendarmes los que instigaron la flagrancia para poder ingresar de manera ilegal. Noceti había dado la orden de avanzar sin medir costos y ese mismo 1 de agosto estuvo en la Lof y felicitó a los gendarmes por su accionar.

Con la represión ya consumada, y la desaparición de Santiago, el Gobierno envió el mismo 1 de agosto a las áreas de inteligencia de la Gendarmería para espiar a su familia y organismos de Derechos Humanos. La mecánica del horror se completa con la constante negación por parte de Bullrich de los hechos, al sostener la posibilidad de que Santiago nunca hubiera estado en la Pu Lof o que podría haber muerto en un ataque de la RAM. La mentira planificada, que no sólo contó con el aval de infames escribas de medios hegemónicos porteños sino que fueron “hipótesis” plantadas dentro del expediente con la venia del juez Otranto y la fiscal Silvina Ávila.

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