El ataque en una conocida discoteca de Estambul, en el que murieron al menos 39 personas, empañó las celebraciones de Año Nuevo y revivió el miedo de atentados terroristas contra los que se prepararon decenas de ciudades en todo el mundo.

El pánico y la confusión se desataron en el club Reina, donde había entre 700 y 800 personas, de las cuales una setentena resultó herida. Algunas personas se lanzaron al Bósforo para escapar de las balas.

“Un terrorista con armas pesadas cometió este acto salvaje abriendo fuego contra personas inocentes que estaban celebrando el año nuevo”, afirmó el gobernador de Estambul, Vasip Sahin.


El funcionario dijo que el hecho se produjo a la 1.15 (las 19.15 de la anoche en la Argentina) y citó la cantidad de víctimas, pero no precisó el origen ni la suerte de los atacantes, reportó la agencia turca Anadolu y reprodujo la española EFE.


Las primeras versiones señalaron que los atacantes eran tres y testigos afirmaron que estaban disfrazados de Papá Noel y gritaban consignas en árabe.


Hasta varias horas después el ataque no había sido reivindicado, pero “servicios de seguridad turcos” citados por la cadena de televisión de origen qatarí Al Jazeera sospechaban del grupo jihadista Estado Islámico, reportó la agencia italiana ANSA.


El ataque se produjo en el club Reina, en la orilla del Bósforo, un conocido reducto de la alta sociedad de Estambul, donde más de 500 personas celebraban la llegada del año nuevo. Los atacantes mataron al policía de guardia y entraron al club, donde abrieron fuego desde la puerta con armas automáticas.


Las celebraciones, en el resto del mundo


Sídney dio el pistoletazo de salida a las fiestas para recibir el 2017, que este año destacaron por el refuerzo de las medidas de seguridad. En torno a 1,5 millones de personas se concentraron en las inmediaciones del puente de la bahía de la ciudad más grande Australia para admirar los espectaculares fuegos artificiales.

Miles de personas también disfrutaron del espectáculo pirotécnico en el puerto de Hong Kong, mientras que Japón comenzó el año lanzando globos.

Moscú tomó el testigo de las celebraciones en Europa tiñendo de rojo el cielo de la Plaza Roja por el amplio despliegue de fuegos artificiales. Los famosos Campos Elíseos de París acogieron a medio millón de personas, que despidieron el 2016 a través de un contador proyectado en el Arco de Triunfo que marcó la cuenta atrás y dio la bienvenida al 2017 en una decena de idiomas. Rio de Janeiro y su emblemática playa de Copacaba, una de las tradicionales postales de Año Nuevo en el continente americano, despidieron el 2016 con el dulce recuerdo de haber vivido unos Juegos Olímpicos históricos.

Vigilados por unos 2.000 policías militares, alrededor de dos millones de personas siguieron en primera línea de mar los impresionantes fuegos artificiales, más cortos que de costumbre por su grave crisis económica.

Nueva York se convirtió en el epicentro de las celebraciones estadounidenses, donde alrededor de un millón de personas --muchas extranjeras-- comenzaron el año en Times Square abrazándose bajo una lluvia de confetis y fotografiando los fuegos artificiales.

El alcalde Bill de Blasio ejerció de maestro de ceremonias, mientras que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, fue el encargado de presionar el botón que inició el descenso de la mítica bola de cristal. En Los Angeles, decenas de miles de personas se congregaron en el Grand Park en una velada musical que mezcló ritmos latinos, hip-hop y disco, acompañada de un espectáculo de luces en 3D.