Se cumple un mes de la muerte de Tom Petty y, así como lo hizo el Indio Solari con la sentida carta que le dedicó, nosotros tampoco podemos dejar de homenajearlo. Y lo que hacemos es lo único importante: contarte por qué tenés que escucharlo y cuál es la mejor puerta de entrada a uno de los compositores de rock (and roll, cómo le gustaba aclarar a él) más talentosos y seductores del siglo XX.

Rubio, pelilargo, flaco y estirado, con esa boca a lo Tenembaum que, llevada al rock (y solo si es llevada al rock) tiene un algo de abandono, de despreocupación, de adolescente tirado en el piso. Los inicios de Tom Petty tuvieron mucho que ver con el sonido del punk, aunque sus composiciones estaban más cerca de los Stones y sus arreglos de los Beatles. Su maestro, en sus palabras, era sin embargo Elvis. ¿Por qué? Por esa tormenta de sensualidad repentinamente calibrada por un gesto sofisticado, por un de vahído de dureza. Toda esa batería de muecas del rock, todo ese repertorio semiótico que termina por componer esa especie de muchacho puro, estúpido y sexy que es la imagen del rockero, en Petty alcanza una extraña perfección.

Por lo demás, Tom Petty and the Heartbreackers (véase la fuerte impronta romántica heredada del Rey de Memphis en el mismo nombre de la banda) no solo hacían rock and roll, aunque adoraran pensarlo así. Su mayor éxito, escandalosamente subestimado, es de hecho una canción, una canción de una potencia rockera incalculable, pero una canción fresca, pegadiza y perfecta al fin. Hablamos de American Girl.

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En esa línea del coqueteo con el primer punk, se ubica también la arrolladora I need yo know. Hay en el Petty de todas las épocas, pero sobre todo en la etapa veinteañera, una forma de frasear y ese dejo de oratoria en el canto tan propio del Dylan de Blonde on blonde. Un estilo que correría como reguero de pólvora entre algunas de las mejores bandas de rock de principios de los 70', Dire Straits incluidos. El trabajo sensible y constante de los punteos junto a los colchones de arpegios también es una marca de época, pero Petty esquiva cualquier complicación que le impida llegar directo al corazón de su público. Por eso sus melodías son simples, sus composiciones siempre están teñidas por los colores de alguna moda, y sus letras se vuelven potentes a fuerza de claridad y elipsis. Como Springsteen, Petty tuvo llegada sobre todo a la clase trabajadora. Como Springsteen, Petty es rock popular. En esta línea se ubica un éxito que nunca muere, tal vez por ese irresistible puente que lleva al estribillo: Refugee.

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Afecto a la electricidad o a la madera, pero poco amigo de los sintetizadores, Petty tuvo sin embargo su paso de oro por los ochenta con una serie de canciones memorables, varias de ellas compuestas en colaboración con artistas como George Harrison o el mismo Dylan. Pero quizás el tema que mejor define su búsqueda pop es Don't come around here no more, una suerte de entonación mántrica en tono emotivo con gusto a The Police y ese final de videojuego tan a la usanza en esa época, cuando la canción se ponía "divertida". La profundidad de su sonido y su melodía hipnótica, sin embargo, elevan esta canción de la categoría "remaches fantasmagóricos de otros mil temas" a rara e inspirada pieza ochentosa. Ustedes dirán:

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Podríamos cerrar la lista con Runnin' down a dream, un rock oscuro y compulsivo al que Safe in New York City de los AC/DC le debe, hay que decirlo, TODO, o con Even the loosers, donde la originalidad sonora del Petty más joven y optimista alcanza su cenit, o con Rebels, elegía antiheroica a medio camino entre la canción y la balada, donde un Petty maduro parece haber hallado, de pronto y sin que nada lo advirtiera, una nueva voz.

Pero vamos a cerrar con un clásico de clásicos. De espíritu folk y tradición pop, Free Fallin' es uno de esos temas que escuchaste mil veces en la radio y nunca supiste de quién era. Coros dorados, guitarras que cruzan suavemente los ritmos, percusiones que llevan secretamente el norte de la canción. La magia, en sus elementos.

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