En cada barrio donde escuchamos a las mujeres nos encontramos con las mismas escenas de deterioro social que se repiten en toda la provincia de Buenos Aires. Los clubes de barrio afectados por la suba de tarifas, las cooperativas que bajaron sus ventas y aumentaron sus gastos, los pibes y pibas que se ponen a llorar porque no comieron, las mujeres que se quedaron sin la Asignación Universal por Hijo, las jóvenes que se quedaron sin el Progresar y tuvieron que renunciar a sus estudios, las trabajadoras que duplicaron sus horas en casas de familia, resignando tiempo con sus hijos, y aún así cada vez tienen menos para vivir.

Hoy las familias perdieron calidad de vida y perdieron también la protección del Estado. Si antes teníamos un Estado que cuidaba y fortalecía los proyectos de vida, ahora tenemos un Estado al que no le importa el sufrimiento y los problemas de las personas. Y eso es algo que una y otra vez las mujeres ponen en palabra. “Pasamos de ser trabajadoras a ser beneficiarias”, decía una mujer del Ellas Hacen hace unos días en Hurlingham. Y ese cambio en la forma de denominarlas, ese cambio en la forma de relacionarse, ese cambio en la protección social sintetiza lo que está haciendo este gobierno con las mujeres populares. Sacarles su condición de trabajadoras, sacarles su dignidad y su piso de derechos. Las quieren empobrecidas y desorganizadas. Sin embargo, nadie puede borrar la experiencia de las mujeres que conocieron otro modo de vivir.

Cuando llegamos a un barrio del conurbano hay tres políticas públicas emblemáticas (y hoy desmanteladas) que fortalecieron los proyectos de las familias. Fines, Ellas Hacen y Mejor Vivir. Educación, Trabajo y Vivienda. Una articulación por parte del Estado que hizo posible que las personas tuvieran oportunidades antes impensadas y que pudieran cumplir el sueño de estudiar en la universidad pública, de organizarse con otros y otras laboralmente y de tener su casa en condiciones habitacionales dignas. Hoy todo eso desapareció y dejó truncados miles de proyectos de vida. El gobierno de Cambiemos vino a desorganizar la vida de las grandes mayorías pero también vino a interrumpir los procesos familiares, las construcciones colectivas y la posibilidad de proyectar un futuro mejor.

La transformación de este contexto de ajuste y sufrimiento nos implica a todos y todas desde nuestros lugares de pertenencia, desde nuestra participación en la vida social y con la responsabilidad histórica de detener la crisis que estamos viviendo. Desde el deseo y el trabajo podemos generar las transformaciones sociales para recuperar la igualdad y la libertad. No vamos a dejar ir la ilusión de que todos y todas vuelvan a tener futuro.

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