Angela Merkel y los conservadores alemanes ganaron las elecciones del domingo, pero se vieron debilitados por el avance histórico de la ultraderecha y la dificultad para encontrar socios de gobierno. El resultado enciende una alarma importante en el Viejo Continente acechado por una oleada ultranacionalista y anti-inmigratoria.

"Sismo electoral", resumía el diario Bild en su página web, apuntando que, con el 32,9% de los votos recabados, la CDU-CSU había registrado "su peor resultado desde 1949" y el nacimiento de la República federal, que los socialdemócratas del SPD (20,8%) "obtuvieron su peor resultado de todos los tiempos", mientras que los ultraderechistas del AfD (13%) se imponían como "tercera fuerza política" del país.

Merkel, en el poder desde hace 12 años y tres mandatos, admitió que esperaba un "mejor resultado", y advirtió que la entrada de la ultraderecha en el parlamento plantea un "nuevo desafío". La canciller tendrá que buscar por cuarta vez uno o varios socios para formar su próximo gobierno, pues los socialdemócratas anunciaron que no volverán a gobernar con los conservadores.

Este resultado marca que, por primera vez, un partido de ultaderecha ocupará escaños en el parlamento alemán, tras la caída del Tercer Reich en 1945. Con un discurso anti-inmigración, el AfD es crítico de la política de Merkel de recibir a refugiados sirios y pide que la edad de imputabilidad descienda a los 12 años. Que esto ocurra en el país donde surgió el nazismo a principios del siglo XX es todo un símbolo.