Durante el año pasado, en vísperas de los juegos olímpicos en Río de Janeiro, la selección atlética rusa fue expulsada de las competiciones por decisión de la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo), en base a los controvertidos sumarios de WADA, la Agencia Mundial Anti-doping.

Este episodio generó una fuerte controversia y, como en otros ámbitos, fuego cruzado entre Rusia y Estados Unidos. Una vez desarrollados los juegos, algo de aquellos episodios quedó claro: Estados Unidos continuó utilizando al deporte como una herramienta para apalancar sus propias estrategias geopolíticas y lograr que otros estados formen fila detrás de sus prioridades. Si bien la suspensión de los atletas rusos marcó definitivamente la suerte de este país en los juegos olímpicos de Rio de Janeiro, en el ambiente deportivo sobrevolaron persistentemente un conjunto de suspicacias. Veamos.

En primer lugar, entre los deportistas acusados de doparse no hay representantes de países occidentales, ni se llamó a castigar a los atletas que consumían los preparados penalizados en naciones alineadas a los intereses estadounidenses, como Ucrania. Además, lo que ocurría en la antesala de los juegos no era precisamente una novedad: la presión a Rusia comenzó luego de la convulsión social y política en Ucrania en 2014. Poco después de esos acontecimientos se sustituyeron a los dirigentes de las agencias deportivas internacionales, y los nuevos jefes (Craig Reedie y Sebastian Coe) tomaron una posición claramente antirusa, por ejemplo, respaldando la candidatura de Inglaterra como sede del mundial de fútbol de 2018 y luego interviniendo en la campaña de revisión de la decisión de organizar el mundial en Rusia.

En segundo lugar, muchos recordaron que durante el campeonato nacional de atletismo de Estados Unidos en 2003 se tomaron 350 pruebas positivas de uso de dopaje. Según los medios norteamericanos The Orange County Register y Sports Illustrated, USADA y USOC (el comité olímpico de Estados Unidos) fueron acusados de mayores infracciones. El 16 de abril de 2003 los medios publicaron documentos según los cuales en el periodo entre 1984 y 2000 USOC excusó más de cien deportistas de élite estadounidense acusados de doparse.

Finalmente, nadie soslayaba que las muestras del amplio uso del dopaje en los países occidentales son variadas. No debemos olvidar los resultados de la Operación Puerto, una investigación contra el dopaje en el deporte de élite realizada en España, que permitió desarticular una red liderada por Eufemiano Fuentes que ofrecía múltiples prácticas ilícitas para mejorar el rendimiento de famosos deportistas. Otro caso conocido surgió con la investigación por distribución de esteroides a Victor Conte, exjefe del laboratorio estadounidense BALCO en un marco de encubrimiento de las dimensiones reales del uso de sustancias prohibidas en Estados Unidos. Estos son testimonios del amplio uso de preparados prohibidos en los países occidentales. Como en muchos casos, parece que los organismos internacionales miran para otro lado cuando se trata de poner la lupa sobre Estados Unidos.

Retomemos ahora el punto que queremos señalar en estas líneas. A raíz del escándalo por el doping, la ex Agencia Mundial Antidopaje advierte que Rusia podría ser despojada del derecho a ser sede de la copa del mundo de fútbol de 2018. Algunos incluso no descartan que un grupo de países puedan simplemente negarse a participar en la Copa del Mundo rusa en respuesta a su historia de dopaje, sembrando la semilla del comienzo de la posibilidad de boicotear el torneo en aquel país. De hecho, hace pocas semanas una reconocida agencia nacional antidopaje de 19 países, incluyendo Estados Unidos, Canadá y Alemania, pidió que Rusia fuera excluida de todos los torneos internacionales y que se despoje al país de cualquier competición internacional debido al escándalo de dopaje.

¿Peligra entonces el mundial de fútbol de 2018? El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, trae un poco de tranquilidad. Hacia fines del año pasado admitió que no cree que se deba mezclar un tema de dopaje con la organización de la Copa Mundial, algo “completamente diferente en lo que se refiere a la lucha contra el dopaje en la Copa del Mundo”. Al mismo tiempo, afirmó que "garantizaremos que la Copa Mundial en Rusia estará completamente segura cuando se trate de asuntos antidopaje". En la misma línea se expresó el presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, quien afirmó que "no hay razones racionales o legales" por las que Rusia debería ser despojada de la Copa Mundial de 2018.

Las declaraciones de estos importantes funcionarios parecen moderar la furia persecutoria hacia Rusia por parte de Estados Unidos y las principales potencias occidentales, pero para nada cierra las puertas a un conflicto que ha llegado para instalarse.

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