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Todo comenzó en la edición de Cannes de este año. Dos películas producidas por el gigante del streaming (que ya tiene más de 100.000.000 de abonados en todo el mundo) ingresaron en la competencia oficial por la Palma de Oro, máximo galardón. Se trata de “The Meyerhold Stories”, del norteamericano Noam Baumbach, y de la esperada “Okja”, del surcoreano Bong Joon Ho, cuyos estrenos se darán directamente en la plataforma online, sin pasar por las salas comerciales. En el mismo momento en que el Festival decidió incorporar las dos cintas a la competencia se produjo el primer altercado: las autoridades francesas le solicitaron a Netflix que realizara un estreno previo en las salas de su país antes del inicio del concurso. Pero el contrato cerrado por la plataforma con las películas especifica que, de estrenarse en salas comerciales, deben pasar al menos tres años desde el estreno hasta que se hallen disponibles online (es una forma de proteger a los autores y a los actores).

Por lo tanto, Netflix se negó a realizar el estreno en salas francesas. Y Cannes, como no podía excluir las cintas que ya habían sido seleccionadas, debió aceptarlo, con la condición de que, a partir del año próximo, cualquier película producida por la plataforma que desee ingresar a la competencia oficial deberá, por contrato, contar con un estreno en salas. De cualquier modo, ya era tarde para dejarlo en claro. Y la polémica se destó.

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Pedro Almodóvar, presidente del jurado, abrió el festival declarando: "Mientras siga vivo defenderé (...) la capacidad de hipnosis que tiene una gran pantalla frente al espectador”. Y apenas más tarde disparó: “Para mí sería una paradoja que la Palma de Oro no se pudiera ver en salas”.

La actriz Tilda Swinton, una de las protagonistas de “Okja”, le salió al pase con una respuesta irrefutable: “Muchas de las películas que se pasan en Cannes no se ven en los cines”, haciendo referencia a la gran cantidad de films que ni siquiera llegan a tener estrenos comerciales pero que son aplaudidos de pie en esta clase de festivales. Por su parte, el actor Will Smith, que también forma parte del jurado, la jugó de equilibrista: "Netflix es útil en mi país porque permite que la gente vea películas a las que de otra forma nunca tendrían acceso", dijo. No mencionó que "Bright", su próxima película, será producida por el gigante del streaming.

En cualquier caso, la disputa estuvo condimentada porque el día del estreno de “Okja” hubo chiflidos durante la presentación del logo de Netflix y sucedieron una serie de errores técnicos en la primera secuencia proyectada de tal forma que fue necesario suspender el visionado y reiniciarlo minutos más tarde. Las malas lenguas dicen que se trató de un boicot realizado por fundamentalistas del festival, aunque las autoridades emitieron un comunicado oficial negándolo y pidiendo las correspondientes disculpas públicas. La bronca por parte de Netflix, de formas, ya había echado a correr, como quedó visibilizado en el post en facebook del CEO de la compañía: "La organización está cerrando filas contra nosotros. Podréis ver Okja en Netflix el 28 de junio. Una película fantástica que las distribuidoras quieren boicotear en la competición en Cannes”.

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En el centro de la escena, Bong Jhon Hoo fue quizás quien mejor se tomó las afrentas. Su película, al fin y al cabo, fue muy bien recibida por la crítica especializada. “Hace unos días vi una película francesa de los años 60´”, declaró en una entrevista, “en la que alguien decía ‘El film ha muerto a manos de la televisión’. No creo que sea algo de lo que preocuparse seriamente. Estoy seguro de que Ted va al cine con su familia, y que los expositores franceses también miran películas en casa. Todo funcionará maravillosamente al final”.

Puede que esté en lo cierto pero también es cierta otra cosa. El gran brillante por su ausencia en la discusión fue la competencia de Netflix, Amazon, cuya plataforma de streaming aún no ha aterrizado del todo en Latinoamérica pero que tarde o temprano lo hará. Si bien es verdad que el contrato que suele cerrar Amazon con las películas que produce incorpora el estreno simultáneo en salas (por lo que las autoridades de Cannes no tendrían nada que reprocharle), lo cierto es que “Wonderstruck”, el nuevo film de Todd Haynes que cuenta con la producción del contrincante de Netflix, también ingresó en la competencia oficial de este año. Y si se trata de debatir la influencia de los nuevos hábitos de consumo sobre la calidad del séptimo arte, entonces la mesa de discusión debería expandirse. Porque hace unos pocos días Amazon sumó la cadena de supermercados naturistas Whole Food a su constelación corporativa, por la módica suma de 13.700 millones de dólares. Por su lado, a comienzos de este año, Netflix alcanzó una capitalización de 70.000 millones de dólares, y sigue creciendo. No solo la más conservadora crítica cinematográfica empieza a ver con malos ojos el avance de estos monstruos sobre la industria del cine, sino también, y con sobrados motivos, las grandes compañías productoras. Tal vez no sea descabellado pensar que, detrás de una polémica más o menos estéril, se escondan pugnas económicas y políticas que recién comienzan.

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