Rolando Martiñá es un referente en educación de nuestro país, psicólogo y escritor con una extensa trayectoria literaria. Entre sus obras publicadas se encuentran Escuela y familia: una alianza necesaria, La Comunicación con los padres, Cuidar y educar y La Paciente Impaciente. Cuentos de todos los amores, publicado por Editorial Del Nuevo Extremo, con prólogos de Pablo De Santis y Diego Sehinkman, es su nuevo trabajo literario, que será presentado en la Feria del Libro.

Allí, Martiñá recorre en ficciones los distintos tipos de amores con sus dificultades, proponiéndolo como el gran motor que mueve a las personas en el mundo. En esta charla con El Destape, el autor nos habla de educación, de la infancia y de su compromiso con la literatura y la palabra

- ¿Cómo le dio forma a su libro Cuentos de todos los amores? ¿Qué contienen los relatos que agrupó en este trabajo literario?

- Este libro quizá no existiría si antes no hubiera escrito “La paciente impaciente”(2009). Y si no hubiera leído la obra de Irvin Yalom (“El día que Nietzsche lloró”, etc) . Esas experiencias “a posteriori” me mostraron a mi mismo dos cosas: una que la psicoterapia y la narrativa tenían mucho en común. Y que era posible para mí encontrarles una articulación justamente narrativa. Lo que en realidad implicaba una articulación de distintas partes de mí. Y otra, que, en definitiva, todas las historias que contamos y/o escuchamos, son, de un modo u otro, historias de amor. Los relatos que forman parte de este libro no son descripciones de “casos clínicos”, ni fueron pensados como textos de autoayuda. Aunque personajes y situaciones fueron inspirados por experiencias de vida, fuera o dentro del consultorio. Son ficciones, pero acompañadas por comentarios, propios o de otros autores. Como cuando uno convoca a un grupo de amigos a que den su opinión sobre algo que imaginó y plasmó en un texto. Además, el plural del título, pretende indicar que no se trata sólo de amores eróticos, sino también de amistad, filiales, pedagógicos, etc. Que se inscriben en diferentes momentos vitales de los personajes y adquieren así diversos sentidos en sus vidas.

- ¿Cómo recuerda aquella composición tema libre en la escuela, y el vínculo con su abuelo que lo empujó a escribir? ¿Cuánto de importante tienen para la vida aquellas imágenes de la infancia?

-Las experiencias de la infancia suelen ser muy importantes en la vida de los seres humanos. Especialmente las que se tejieron con algún “otro significativo”. Yo quería mucho a mi abuelo y era un amor claramente correspondido. Por tanto todo lo que ocurriera entre nosotros pasaba a formar parte del “tesoro vital”. En el caso de la composición escolar, basada en el relato de una anécdota simpática que nos sucedió realmente, tuvo como consecuencia una cascada de admiración y reconocimiento. O sea, más “amor”. Así que se originó en el amor y generó más amor aún. Fue un círculo virtuoso. Y me dio el primer indicio de que eso de escribir podía ser “lo mío”. Es decir, además, identidad. Inolvidable.

- ¿De qué nos puede salvar el amor? ¿Y el humor?

-"Salvar" es, para mí, una palabra demasiado grande que no suelo usar. En primer lugar porque , según creo, la vida tiene un carácter paradojal o irónico, que hace que no siempre “ si algo es bueno, mucho de eso será mejor”. Quiero decir: sin duda que una vida con amor es mejor que sin él. Pero, dada la particular condición humana, un “exceso” de amor, en sus manifestaciones concretas, puede significar invasión, falta de respeto, extorsión, control exagerado , o, como ocurre, muy frecuentemente, confusión entre química y proyecto de vida. O, en otras palabras, entre enamoramiento y amor. Lo que sí es cierto, es que cuantos más intercambios tenga una persona más probabilidades de enriquecimiento tendrá. Y el intercambio amoroso es, sin duda, uno de los más necesarios y gratificantes: desear y ser deseado, cuidar y ser cuidado, alentar y ser alentado, acariciar y se acariciado, confiar y ser objeto de confianza, … son experiencias intensas y bienhechoras, que seguramente es mejor tener que no tener. Mejoran nuestra vida. Y en el principio, la garantizaron: sin amor, ningún bebé sobrevive … Aunque no por eso podemos pedirle que nos “salve” del dolor, de las pérdidas, de la enfermedad, de la desilusión… Respecto del humor, entendido como sentido del humor y no como mera comicidad o “tomarse todo en broma”, es un recurso muy valioso, para el amor y para la vida en general. Ayuda a desdramatizar conflictos, relajar tensiones y tomar una cierta distancia que permite justamente descubrir ese sentido irónico del que hablábamos y no caer tan fácilmente presa de la solemnidad pedante de la razón ni de la ingenuidad infantil de la quimera.

-Usted afirma que "el mayor acto de amor hacia otra persona es educarla" ¿Cómo analiza el momento actual de la educación en Argentina, inmersa en una crisis que parece no encontrar techo?

-Yo empecé como maestro de grado en los 60 y mis actividades más recientes tuvieron que ver con una nueva articulación(¡): el aporte a la educación desde la psicología. No sé si hoy existen estadísticas confiables, pero si mido con mi experiencia personal, efectivamente la calidad de nuestra educación se ha venido degradando desde hace bastante tiempo. El tema es complejo, porque más allá de cuestiones coyunturales de política educativa o de recursos a disposición, hay una gran dificultad – no sólo entre nosotros, pero especialmente – para adaptar las teorías y prácticas educativas a los enormes y vertiginosos cambios socioculturales de las últimas décadas. Sólo dos ejemplos, tratados con más detalle en otros de mis libros: a) parece estar herida de gravedad la alianza tácita adulta que hubo en otros tiempos ente la escuela y la familia. En muchos casos - y contrariando el mero sentido común – han pasado de ser colaboradores a ser rivales. b) La escuela ha venido perdiendo el papel de vocera autorizada de la cultura, que supo tener. En gran parte por el enorme despliegue de las fuentes informativas que – para bien y para mal – la suelen reemplazar. Y, dicho sea en términos generales, no ha sabido (o podido) aún ubicarse en otro rol significativo y útil.

-¿En un trabajo complejo ser educador hoy?

-Por supuesto. Se desprende de lo dicho antes y entre otras cosas, de la gran diversificación de roles que los docentes han debido asumir y para los cuales, en general, no han sido preparados: asistentes sociales, psicólogos, asesores familiares, mediadores en conflictos, etc.

-¿Es para alarmarse la secuencia de casos de bullying y de violencia que se denuncian en las escuelas?

-Yo diría que “alarmarse” no es precisamente lo adecuado y a menudo resulta contraproducente. Lo que sí hay que hacer es reconocerlo y ocuparse. Seriamente. Es decir: en principio, tomándose en serio el problema, y atendiendo a sus denuncias y síntomas. Además, estudiando y analizando el fenómeno ( que es muy complejo) y, sobre todo, diseñando estrategias concretas de acción. La escuela es un micromundo donde se reproducen - de algún modo – las condiciones del macromundo. Si en una tribuna de fútbol una persona es arrojada al vacío y asesinada, simplemente por ser hincha del equipo contrario, ante la mirada cómplice o indiferente de muchos , por qué no habrían de ocurrir abusos de poder en la escuela? Porque el llamado “bullying” es eso: un abuso de poder sistemático, puesto en escena por uno o más líderes prepotentes, una víctima elegida por diferentes razones y un grupo de espectadores que, como mínimo, se privan de intervenir. Y ahí también juegan –aunque no estén presentes – las familias de los participantes, con sus valores, sus normas, su modo de dirimir las diferencias y conflictos, etc. Y la frecuente impotencia de los adultos a cargo( los docentes), que suele manifestarse en un clima de anomia e impunidad realimentadoras.

-Uno de los personajes que aparecen en su libro dice “Yo no inventé este mundo pero puedo dejarlo un poco" mejor” ¿Qué podemos hacer en el día a día para hacer que el mundo sea más lindo?

-En “Enfermeras de New York”, el mismo relato donde aparece la frase mencionada, se alude a la expresión “curador herido”. Se refiere a que damos por sentado que la existencia humana, de un modo u otro, es una “existencia herida”. Y ante eso, a las personas se les abren, básicamente, dos caminos: anclarse en el resentimiento, o compensar por medio de la empatía y la compasión. El camino uno es el más fácil y el más instintivo, pero, más tarde o más temprano, suele tener consecuencias destructivas. El dos, y respondiendo a la pregunta específica, suele ser una de las formas de hacer “ más lindo el mundo”. Al menos, nuestro mundo. Y dejarlo un poco mejor de cómo lo encontramos, dentro de nuestras posibilidades. Es decir, es una de las formas del amor.

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