El chavismo y la oposición venezolana utilizaron el Día del Trabajador para volver a inundar las calles de Caracas y las capitales de los estados, y el país quedó otra vez dividido entre un oficialismo que retomó la ofensiva con una convocatoria a una Asamblea Constituyente y escenas de represión contra las multitudes opositoras que salieron a marchar contra el gobierno y su propuesta de una nueva Constitución.

Ajeno a las críticas de la oposición y de cara a la multitud de simpatizantes que volvió a salir a las calles para apoyarlo, el presidente Nicolás Maduro aprovechó el simbolismo de la fecha para hacer un anuncio muy especial.

"Hoy primero de mayo anuncio que en uso de mis atribuciones presidenciales como jefe de Estado constitucional de acuerdo al artículo 347 convoco al poder constituyente originario para que el pueblo originario y la clase obrera convoque a una Asamblea Constituyente", aseguró y explicó que el objetivo es derrotar "el golpe de Estado" de la oposición.

En los hechos, la convocatoria de una Constituyente -que será "ciudadana, no de partidos", según remarcó el presidente, sin dejar muy en claro qué significará eso- llevaría a redactar una nueva Constitución Nacional -algo que ya hizo el ex presidente Hugo Chávez en 1999-, lo que llevaría después a llamar a nuevas elecciones generales.

El chavismo y el antichavismo se acusan mutuamente de haber intentado dar un golpe de Estado en Venezuela. El primero sostiene que la oposición intentó derrocar al gobierno con las leyes aprobadas en el Congreso que cuestionaron la legitimidad del Ejecutivo; mientras que el segundo denunció al TSJ, cercano a Maduro, de querer usurpar las funciones del Legislativo.

Por eso, rápidamente los líderes de la oposición, que hoy volvieron a movilizar a miles de personas en Caracas y en todo el país, advirtieron que "desobedecerán" la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

"Frente al fraude constitucional de Constituyente que acaba de anunciar el dictador, pueblo a la calle y a desobedecer semejante locura", escribió en su cuenta de Twitter el líder opositor Henrique Capriles.

"Alertamos a gobiernos democráticos del mundo y a la opinión pública internacional: Maduro consolida un golpe de Estado y profundiza grave crisis", agregó el dos veces candidato presidencial, después de encabezar una de las columnas opositoras que intentaron por las calles de Caracas.

Miles de opositores avanzaron desde temprano en diferentes barrios de Caracas para poder llegar a las sedes del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE), en el centro de la ciudad, y hacer escuchar sus dos reclamos: que la máxima instancia judicial abandone su puja institucional con el Congreso, en manos de la oposición, y que el poder electoral llame a comicios de manera inmediata.

Pese a la perseverancia de los manifestantes opositores, las fuerzas de seguridad les cortaron el paso una y otra vez y a fuerza de vallas metálicas y los reprimieron con una lluvia de gases lacrimógenos y camiones antimotines. Algunos grupos pequeños de personas encapuchadas respondieron lanzando piedras a los policiales y militares, al grito de "¡Libertad!", según la cadena de noticias France24.

En medio de ese caos y esa violencia, el diputado José Manuel Olivares resultó herido en la cabeza con una lata de gas lacrimógeno, según denunció su colega Juan Miguel Matheus. El legislador se convirtió así en otra víctima después de un mes de constantes protestas y una sistemática represión que dejó un saldo de 33 muertos y decenas de heridos.

Según informó la alianza antichavista Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en su cuenta de Twitter, la oposición realizó marchas en en los estados de Nueva Esparta, Anzoátegui, Zulia, Carabobo, Táchira, Mérida, Trujillo, Monagas, Aragua, Lara, Sucre, Falcón, Bolívar, Apure, Guárico y, la más grande, en Caracas.

En paralelo, otra multitud marchó en la capital en apoyo al presidente Nicolás Maduro, quien encabezó el principal acto por el Día de los Trabajadores en la avenida Bolívar, en el corazón de la ciudad.

Miles de chavistas, muchos de ellos vestidos de rojo o con uniformes de las empresas del Estado, gritaron consignas a favor del gobierno y celebran que Maduro anunciara ayer un aumento del 60% del salario mínimo mensual, lo que lo estableció en unos 200.000 bolívares, 280 dólares a la tasa de cambio oficial más alta.

A lo largo de la jornada, muchos de los trabajadores y los líderes que participaron de las marchas opositoras rechazaron el aumento salarial del gobierno porque afirmaron que dada la alta inflación que sufre el país, la medida no tiene un efecto real sobre la capacidad de compra de los venezolanos.

Ajeno a esas críticas, Maduro pareció lograr cambiar el eje de la discusión al convocar a una Constituyente, cuyos detalles aún no están claro.

Poco antes, el primer vicepresidente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y uno de los hombres más influyentes del chavismo, el diputado Diosdado Cabello, se había dirigido a la misma multitud de trabajadores para advertir que la oposición está dividida y, por eso, dijo, están provocando brotes de violencia en las calles.

"El mundo sabe que están recontradivididos porque ellos no tienen intereses comunes, sino salir de la revolución bolivariana (...) son los causantes de la violencia, son los que están generando terrorismo en Venezuela", afirmó Cabello.

Acto seguido, se repitió parte del reciente mensaje del papa Francisco, cuando pidió que "se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está golpeando a la población" de Venezuela.

La alianza opositora MUD había contestado al papa que ellos se encuentran "más unidos que nunca" e indicó que el "único diálogo" que se acepta en el país es el de "los votos".

En esta nota