La flota usada de la línea B fue comprada por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hace cuatro años y aún así no se encuentra en funcionamiento en su totalidad. Mauricio Macri había adquirido 14 formaciones al metro de Mardrid.

Sólo nueve de los CAF 6000 que la Ciudad compró, en una más que polémica maniobra, están siendo usados en la línea B, una de las más importantes del sistema subterráneo de la Ciudad.

En 2013, Macri, por entonces jefe de Gobierno porteño, autorizó la compra (con deuda) de 14 coches al servicio de Metro de Madrid, España. Ya en ese entonces, una gran crítica se alzó contra el PRO.

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¿La razón? Primero, los CAF 6000 funcionaban a través de un sistema de energía por catenaria rígida (los metales que se pueden ver por encima de las formaciones de las líneas D o C), mientras que la línea B usa energía por tercer riel. La compra obligó a adaptar el suministro eléctrico de toda la línea por un costo de 14.668.101 millones de dólares, y la adecuación de todas las subestaciones eléctricas para admitir trenes de mayores prestaciones implicó un gasto de 15,58 millones de dólares.

Además, la empresa vinculada fue Zonis, envuelta en una causa judicial por corrupción que involucró a ex directivos del Belgrano Cargas y funcionarios públicos como Ricardo Jaime y al sindicalista José Pedraza, autor intelectual del asesinato de Mariano Ferreyra.

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Segundo, porque las formaciones eran más chicas, por tanto tenían menos capacidad para transportar personas y, para colmo, tenían un espacio pronunciado entre el anden y el tren que se tuvo que compensar con soportes metálicos. Los coches miden 2,776 m de ancho, mientras que la línea soporta material de hasta 3,20 m.

En una cuenta hecha por el portal EnElSubte, aseguran que fue "la peor compra de material rodante de la historia" y su costo, según un cálculo que estimaron, mayor que comprar trenes nuevos adaptados a las necesidades de la línea B.

A marzo de 2017, la tercera parte de dichos trenes todavía no funciona. Desde SBASE prometieron que para diciembre de 2016, como fecha límite, para tener toda la flota en marcha. Pasados casi cuatro meses, la promesa sigue siendo una más de las tantas que se han hecho.