No son números: tienen nombre, apellido, un rostro y una historia detrás. Las víctimas del recorte de las pensiones a discapacitados salieron a contar cómo viven y lo que padecen desde que el Estado decidió ahorrarse los 4.500 pesos que cobraban hasta hace poco.

En El Destape, Roberto Navarro le dio voz a quienes se enteraron, la mayoría de manera sorpresiva, que quedaban excluidos del beneficio. Allí había sordomudos, padres de niños con problemas de médula ósea, ciegos y ancianos con artrosis grave que los dejaron en silla de ruedas.

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A los problemas de salud le suman un Estado burocrático que les niega derechos y no se pone en el lugar de los que más lo necesitan. En algunos casos, perdieron el beneficio porque un cónyuge tiene solo una jubilación de 6.400 pesos. En otros, por tener un vehículo que les permite movilizarse.

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Ellos son solo algunos de los 71 mil damnificados que perdieron un beneficio que tiene por objetivo incluirlos socialmente. Son más 300 millones de pesos que el Estado se ahorra por mes, el costo es mucho mayor: darle un tiro de gracia a la vida de muchas personas que cometieron la ofensa de tener algún tipo de discapacidad.

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