El presidente Mauricio Macri confirmó en septiembre de 2016 que la Argentina recibirá unos 3000 refugiados provenientes de Siria. Ya en octubre de 2014 la Dirección de Migraciones emitió una resolución que facilita la recepción de ciudadanos sirios. Al mismo tiempo, muchos países del mundo recibieron y continúan recibiendo a miles de sirios que escapan de la guerra civil en su país.

Con excepción de las siempre presentes voces xenófobas, cada vez más audibles en el viejo continente, la mayoría de los líderes mundiales se manifestó favorablemente para facilitar esta recepción, destacando la labor humanitaria que deben emprender las naciones frente a un conflicto de tamaña magnitud. Sin embargo, como en muchas facetas de la vida humana, detrás de la filantropía aparecen algunas sombras que oscurecen los fines que muchos persiguen por medio de esta empresa.

El primer ejemplo lamentablemente no sorprende. Durante el año pasado se conocieron numerosos casos de refugiados sirios que fueron llevados a trabajar en condiciones inhumanas a diversas fábricas textiles en Europa, precisamente de reconocidas marcas radicadas en España e Inglaterra. Luego de escapar del terror y la guerra en su país, se encontraron con esclavitud y hacinamiento en los países que los recibieron.

Además, en la diplomacia internacional crece lenta pero persistentemente un temor fundado: la posibilidad que entre los refugiados se infiltren personas vinculadas al terrorismo. En Argentina, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, afirmó que los refugiados que ingresen al país “serán monitoreados para impedir que entre ellos se infiltre algún terrorista”, y aseguró que “las personas que vienen pasan por bases de datos de Interpol y Europol, y eso nos ayuda a saber que al menos no figuran en esas listas".

No está entre las intenciones de esta nota referirse a los sabidos vínculos entre el Departamento de Estado norteamericano y el gobierno argentino, ni tampoco profundizar sobre el reconocido apoyo que realizó Estados Unidos y sus aliados de Occidente durante los últimos años a los movimientos contrarrevolucionarios o terroristas que se levantan contra los gobiernos soberanos. Quizás sea más importante precisar esta afirmación de la ministra y poner el foco en la presión de estos países aliados para que otras naciones (como Argentina) apliquen sin matices el Plan Siria, con las consecuencias que ello implica.

Y aquí aparece el primer llamado de atención. Muy poco se sabe sobre esto, pero fuentes de la Cancillería Argentina aseguran que hoy los Estados Unidos ofrecen una “ayuda” de inteligencia, revisando las bases de datos en las que se encuentra la totalidad de las personas que ingresan y salen de nuestro país, para cotejarlo con la base de datos que incluye un listado de sospechosos de terrorismo que sólo maneja Estados Unidos.

Digámoslo de otra manera: mientras crece la sospecha en todo el mundo de que Estados Unidos infiltra a personas que tienen vínculos con la oposición al gobierno sirio para ofrecerles un salvoconducto, Argentina tiene nulo control sobre la procedencia y la información necesaria de las personas que ingresan a su propio territorio.

En definitiva, parece razonable que la problemática de los refugiados se debata en el ámbito parlamentario y que no quede bajo la exclusiva discreción de un gobierno que cede soberanía peligrosa e innecesariamente. Por lo pronto, el riesgo de que ingresen terroristas, del sector que sean, está vigente mientras este acuerdo se sostenga.