Son tiempos de microambientes, roomies y malabares para seguir el trote de los aumentos inmobiliarios. En medio de la vorágine porteña con avenidas saturadas, torres a lo Babel y sueños de crédito que escurren como utopías, hay microbarrios hechos en tiempos del primer peronismo, mezcla armónica de parques con chalets y monoblocks, que hace más de medio siglo se yerguen como hogar y testimonio de cuando las políticas públicas son hechos y no palabras.

En los años del primer peronismo el horizonte de la Gran Aldea aún era de casas bajas y la General Paz apenas un caminito que se podía surcar en bicicleta. Dentro del primer plan quinquenal de Perón, se planificaron nuevas barriadas en Buenos Aires, a tono con el "derecho a la vivienda", plasmado en la Constitución de 1949. Fue a través del Plan Eva Perón de vivienda social, gestionado por la Dirección General de la Vivienda de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires que vendió las casas en créditos a 20 o 30 años. En algunos casos fue la misma Evita la que dio en mano los títulos de propiedad a los vecinos.

"En el año 1947 el estado adoptó una política de créditos directos a los destinatarios, produciendo un antes y un después en el sistema de producción de vivienda de rentas. De allí en adelante, el estado tuvo un papel protagónico en la producción de vivienda de interés social. La Ley de propiedad horizontal sancionada en el año 1948 permitió la división de la propiedad por unidades de departamento, lo cual junto a la acción crediticia, multiplicaron la proporción de propietarios de viviendas", contextualiza Proyecto Rehabitar (Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Nación).

El peronismo tomó y reformuló el espíritu de la Comisión Nacional de Casas Baratas, que hizo otros sub barrios como el Caferatta de Chacabuco, y apostó por chalets californianos o conjuntos ingleses. El historietista Ignacio Minaverry hizo el portal LaTeja donde difundió lo investigado para ambientar su novela gráfica Dora. Explica que el peronismo se basó en los suburbios estadounidenses para hacer las casas. "Fueron la cara más tradicional de la política de vivienda del peronismo, proliferaron en diferentes localidades argentinas y pasaron a la posteridad como las clásicas casitas peronistas".

Nacieron así en el norte Alballeros (17 de Octubre) de Villa Pueyrredón (Nazca y General Paz, 1953), el barrio Juan Perón, en torno al Parque Sarmiento, rebautizado Cornelio Saavedra por la dictadura del 55 de Aramburu. Ambos se lotearon en 1949 en terrenos que pertenecieron a la "Chacra de Saavedra". También surgió el barrio 1° de Marzo, renombrado por la dictadura "Barrio Sáenz Peña". En el sur está el barrio Los Perales de Mataderos. En Parque Chacabuco, el Barrio Simón Bolívar y Balbastro del Bajo Flores.

Una de las patas de cada barrio es tener amplia superficie verde. Más de cincuenta años después de su inauguración, las trazas están más vigentes que nunca en una ciudad donde el cemento y la altura atentan contra la salud de los porteños. Se habrá incrementado el bullicio y el volumen del tránsito, pero la calma aún moderan la vida en estos rincones de Capital. Virginia, vecina del barrio 1° de Marzo desde hace treinta años, resalta que pasa el tiempo pero el lugar "sigue igual, calmo". "Nos conocemos las caras con los vecinos, son las mismas caras, gente que va al colegio, que vuelve de trabajar", agrega. El verde amplio, los chalets con techos de tejas y el aire tranquilo son su estampa de confort que atinan a darle la razón.

Mientras los automovilistas se matan a bocinazos sobre Galván, a la espera de tomar Balbín y salir a la General Paz, lo que se escucha en el verde del 1° de Marzo son los pelotazos de la cancha de básquet o las charlas de los grupos de jóvenes que toman mate en las lomas. Esta vivencia se repite en la docena de cuadras del barrio limitadas por Galván, Larralde, Miller y Ruiz Huidobro. En el medio surcan Quebracho, Aromo, Flor del Aire, Paroissien, Manzanares, Jaramillo, Achira; todas cruzan Valdenegro. La iglesia Dulcísimo Nombre de Jesús, abierta en 1945, y la Iglesia Cristiana Evangélica son la referencia religiosa y para ir a un comercio hay que salir del barrio.

Esta cuna de origen obrero cobijó al boxeador José María "El Mono" Gatica. "Ícono peronista e ídolo del boxeo nacional", vivió en la casa número 20 del barrio, en Galván 4005. Así lo indica una placa recordatoria puesta por la Legislatura porteña. Sobre uno de los pasadizos donde se mezclan contra frentes de chalets y accesos a la plaza hay un mural en homenaje al Mono. Fue hecho por el grupo artístico Aleteadores del Conurbano. No muy lejos está el Barrio Juan Perón. Es un conjunto de 362 viviendas unifamiliares inspirado en un barrio inglés. En la actualidad el barrio tiene hasta una asociación vecinal donde se debaten los temas importantes.

La murga es otra forma de pertenencia. Los Fantoches de Villa Urquiza, la murga más antigua del barrio, hace sus ensayos en el verde del barrio Perón. Son historia viva que se renueva en cada camada y que asienta tradición cada vez que salen a la vereda a bailar. Al atardecer, mientras el verde se puebla de runners, gente en bicicleta y familias que dan la vuelta en círculo al parque, se reúnen en el Parque Carlos Mugica, en una de las dos esquinas de Rogelio Yrurtia y Pellegrini.

Ángel "Banana", histórico director de los Fantoches con casi 59años dedicado a la murga, explica que en el barrio Perón fue epicentro de uno de los tantos regresos de la murga. "Un día nos juntamos cuatro locos en el 97, estábamos que sí que no, no teníamos estructura. En el 97 empezamos a ensayar con un bombo prestado, vino la policía. Luego seguimos. En el 98 fuimos a la agrupación murgas y logramos tener estructura para meternos en el circuito de carnaval", cuenta sobre el presente. "Fuimos creciendo, estamos con casi veinte años a cuestas desde ese momento. Veinte años donde no paramos", celebra.

El Barrio 17 de Octubre, está al norte de Villa Puerryedón, sobre Nazca y General Paz. Se inauguró en 1950 y la Revolución Libertadora le cambió el nombre, también, por Barrio General José de San Martín. Desde lo técnico, entre enormes extensiones de verde, hay 34 monoblocks blancos y racionalistas que en total suman 959 departamentos de tres y dos dormitorios.

También se lo conoce como barrio Grafa. Según PropAMBA, la textil Grandes Fábricas Argentinas (GRAFA) se especializó en confección de ropa de trabajo. Tenía su ingreso en Albarellos 2579, Villa Pueyrredón, y ocupaba diez manzanas. Llegó a emplear más de cinco mil personas. Con la dictadura militar los telares entraron en decadencia. La fábrica fue demolida en 1994 y en la actualidad funciona un hipermercado de una cadena multinacional.

El grupo de teatro comunitario Los Villurqueros, es autor de la obra "Grafa, memoria de un pueblo que cuenta la historia de obreros desaparecidos durante la última dictadura militar. La primera vez que salieron a escena con esta pieza —declarada de Interés Cultural por la Legislatura porteña y apoyada por el Instituto Nacional del Teatro— fue en Mayo de 2014 en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti- Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), ubicado en Avenida del Libertador 8151, en el predio de la ex ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada).

Para reconstruir esta historia, "que estaba olvidada de la memoria oficial", según la Villurquera Mariana Rosales Ocampo, recopilaron testimonios de vecinos, ex-obreros, sobrevivientes e hijos de detenidos-desaparecidos de la fábrica. Liliana Vázquez, directora del grupo, asiente: "Reivindicamos la lucha de Grafa, ellos estaban en contra del desmantelamiento de la fábrica, estaban en contra de los sindicalistas corruptos. El movimiento obrero, a través de la lista blanca, empezó entre el 74 y 75. Solían detenerlos. Pero luego se agravaron las consecuencias llegado el golpe de Estado, cuando los detenían y también desaparecían".

En el sur también se respira el legado de la Constitución del 49. Está el barrio Los Perales de Mataderos, frente al estadio de Nueva Chicago entre Suárez, Lisandro de la Torre, Eva Perón y Carhué. Son 46 monoblocks que alojan un millar de departamentos también de dos y tres dormitorios. Los edificios se interrelacionan a través de una gran zona parquizada con árboles y varias calles angostas, algunas curvas que dan lugar a plazoletas. En algunos muros hay pintadas con el rostro del General al lado de la casaca verdinegra del Torito.

En Parque Chacabuco está el Barrio Simón Bolívar con su media docena de edificios de entre 10 y 12 pisos con lugar para 676 departamentos en torno a Eva Perón, Curapaligüe, Dávila y Fernández Moreno. De modo similar, el concepto urbano es unir los edificios en una plaza común con jardín de acceso.

El tercer barrio peronista del sur es Balbastro de Bajo Flores (Balbastro, Saraza, Bonorino y Rivera Indarte). Abrió en 1948 y al día de hoy conserva su diseño: dos filas de tres monoblocks con 18 departamentos cada uno rodeados por un gran parque. Si bien no cuenta con juegos de plaza, es el gran pulmón verde de la zona.

Más de medio siglo después, los microbarrios peronistas de Capital Federal están vigentes por su extenso verde, pero también por la calidad de sus cimientos. Su presencia es testimonio vivo de aquella constitución del 49 que ponía el "derecho a la vivienda" en lo alto de las políticas públicas.

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