¿Cómo se vive después de 10 años sin Julio López?

¿Qué se puede decir? Por un lado, indignada porque no se averigua nada en la causa y por otro, sobre todo como se viene dando la política este año, con muchas más ganas de no bajar los brazos por los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos. No bajar los brazos por Julio López, no bajar los brazos y estar acompañando a cada uno de los testigos porque también tienen miedo y porque a veces con más razón quieren declarar porque quiere justicia. Que Julio López haya desaparecido hace diez años no es menor, es una deuda pendiente y no sé si alguna vez se va a averiguar realmente lo que pasó como en muchos otros casos.

El día de su desaparición, cuando se escucharían los alegatos, López esperaba ver la cara de Etchecolatz...

Tenía que estar presente. Estaba contento. De hecho, los días previos fueron unos reconocimientos y estaba entusiasmado. Recordaba mucho, se ve que había hecho un trabajo profundo. Muchos veces lo que pasa, cuando uno pasa una situación tan traumática como es estar secuestrado, torturado y desaparecido, durante muchos años trata de olvidar. Pero muchos, cuando pudieron, empezaron a recordar y trataron de recordar detalles. Julio era uno de ellos. Había hecho un trabajo bastante interesante en la Comisaría 5ta cuando durante la recorrida iba señalando diferentes lugares y marcando diferentes cosas que había vivido y le pedían que hable despacio porque se tenía que tomar nota. Estaba bien, estaba contento.

Embed

López fue exteriorizando, camino a su declaración, todo lo que había vivido. ¿Cómo fue ese proceso?

Sabemos que con la familia no hablaba mucho de la época en que estuvo secuestrado ni desaparecido. Supongo que también tiene que ver con proteger a las personas que uno quiere y no causarles más dolor. Muchas veces son muchos silencios porque se recuerdan esas cosas. No sé si eran dos López distintos. Sí era una persona que tenía una necesidad concreta que era declarar y buscar que se haga justicia. Eso era clarísimo. Pesa mucho declarar por los compañeros que no están. Eso pesa mucho en las personas que estuvieron secuestradas.

¿Crees que no hubo conciencia de los juicios y del marco de contención que requería uno de estas características? ¿En qué falló el Estado?

Como no tenemos un protocolo especial para llevar adelante estos juicios de hace más de treinta años, uno no sabía y se manejaba como en los juicios comunes aunque no eran comunes porque implicaban muchas cosas por las pruebas y por la cantidad de tiempo que había pasado. Por los horrores que escuchabas en cada declaración. No se pensó que podía decir necesario el acompañamiento psicológico a testigos. Eso empezó a existir después de que desapareció Julio. Había testigos que tenían miedo y otros que querían hablar y surgió la necesidad de que exista un grupo de especialistas que los acompañe, al menos, para contener la ansiedad que genera declarar.

Diez años sin López
Producción periodística: Rocío Criado, Juan Amorín y Juan Pablo Mansilla.
Edición: El Gato Gris y Martín Torres Negri.
Video: Lisandro Leiva.