La evolución de las importaciones de gas llevaba un incremento, de maner asostenida, de seis meses. Sin embargo, en noviembre, ese aumento es interrumpido desde que pasó de un 7,5% (enero a octubre) a 7,4% (enero a noviembre).

Más allá de la sutil diferencia, lo cierto y verdaderamente preocupante es que las importaciones de gas no paran de crecer. Y no paran de crecer en simultáneo a una producción que no detiene su descenso, con reapertura exportadora (hace poco se sumó YPF al saqueo), con un mercado interno cuya demanda está estancada, con demanda residencial en caída libre y un servicio público (de gas por redes) en franca declinación al medir la incorporación de nuevos usuarios.

Un pueblo argentino progresivamente precarizado pagando los valores del gas más caros del mundo, en paralelo a descomunales ganancias empresariales y fortísimas desinversiones en un frente unitario corporativista como no registre la historia desde que no hay jurisdicción (ni provincia) que se salve. Resumido debajo, la enajenación del sistema gasífero argentino (2016-2017) y algunos fundamentos para su reapropiación popular.

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