Las únicas herramientas que usa el Gobierno para bajar la inflación son flexibilización laboral, apertura de importaciones y una tercera, que es la más importante: endeudamiento. Esta es una bomba de tiempo.

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El Ejecutivo mantiene la teoría, ya falsada, de que la inflación sólo la genera la emisión de billetes. Entonces, desde que asumió Cambiemos lo único que pretende es quitar pesos del mercado. A cambio, ofrece bonos.

Además de los que emite en el exterior el ministro de Finanzas, Luis Caputo, como el que vence en 100 años, se renuevan regularmente las Letras del Banco Central, llamadas LEBAC, para sacar pesos del mercado a cambio de estos papeles, que es deuda.

Esta metodología de por sí sola no funciona. Este año no se va a cumplir con la meta de inflación que el BCRA esperaba, del 17%, sino que estará por encima del 20%, como prevén las consultoras.

De diciembre de 2015 a hoy, el stock de LEBAC se disparó 263%. Se incrementó desde los $ 316.550 millones que había a $ 1,15 billones en la gestión de Federico Sturzenegger.

A pesar de ser inmensa la deuda que acumula Mauricio Macri, hoy día es manejable. El problema lo tiene la tasa de interés que tenemos que pagar todos por este juego del Banco Central, que fue aumentando en las últimas semanas, cuando se dieron cuenta que no podían alcanzar la meta de inflación para este año.

Como el Gobierno convirtió al país en dependiente del dinero extranjero, dependemos cada vez más de la tasa de interés internacional, que sin dudas va a aumentar. Por lo que, para mantener la maquinita del endeudamiento, se deberán pagar cada vez costos más altos. Por la situación actual, la consultora Standard & Poor's ya ubicó a la Argentina como la segunda economía más frágil del mundo.

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