El titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), Mariano Federici, dijo que era "entendible" que en la Argentina se cometieran los delitos de evasión fiscal y fuga de divisas. Apoyó su posición contemplativa de ese delito en cuestiones culturales y políticas y criticó la decisión del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), que estableció que la evasión impositiva trasnacional era un delito precedente del lavado de dinero. Todas esas definiciones, que incluyeron una comparación entre Alemania y Venezuela, las realizó durante una charla en la Universidad de Belgrano, donde asistieron estudiantes de Derecho, fiscales y jueces en lo penal económico como Javier López Biscayart, quien ofició de anfitrión y festejó algunos pasajes de la exposición de Federici.

"Para un ciudadano alemán, que recibe tantos beneficios a cambio de sus impuestos, ciertamente evadir esos impuestos provoca una irritación en la gran parte de la sociedad. Pero si usted es ciudadano, por ejemplo, de Venezuela ¿existe la misma sensación de injusticia o de irritación ante el ciudadano que decide proteger sus ahorros o sus riquezas en jurisdicciones con leyes más seguras o con monedas más estables? Lo dejo como signo de pregunta", sostuvo Federici casi al cierre del encuentro, donde expusieron también María Eugenia Talerico, ex abogada del HSBC y actual vice jefa de la UIF; y el co-titular de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac), Gabriel Pérez Barberá.

Esa frase buscó dejar más en claro su posición sobre el tema, que había sido cuestionada por Pérez Barberá, que fue el único que insistió en la necesidad de perseguir ese delito. "En lo que respecta a la evasión impositiva queda claro que la inmoralidad que está detrás de es tipo de conducta pasa por el engaño. El engaño es lo que la vuelve inmoral", dijo el fiscal al sostener teóricamente su defensa de la persecución penal a los evasores. Y completó con una visión política: "Son cuestiones que irritan mucho al ciudadano medio y no podemos quedar ajenos a eso como si viviésemos en una suerte burbuja de cristal respecto del resto de la sociedad".

Esa definición de Pérez Barberá había pegado de lleno en la defensa, casi blindada, que había hecho Federici ni bien comenzó su exposición, en el primer subsuelo de la Universidad de Belgrano, en el salón Presidente Roca. La jornada "Lavado de activos: problemas vinculados a la parte general del Derecho Penal", organizada por por la cátedra de Derecho Penal, había logrado reunir a un centenar de personas. Entre ellas, el juez Gustavo Meirovich y el fiscal general Marcelo Gustavo Agüero Vera.

"La informalidad estuvo, y está, muy relacionada con lo que ha sido hasta ahora la incapacidad de aquellos que nos precedieron en el gobierno, durante varias décadas, de crear las condiciones necesarias de confianza y estabilidad en la economía, de ejercer el poder con razonabilidad, de brindar servicios públicos de calidad a cambio de los impuestos, y de manejar la cosa pública con dignidad y con integridad. Esta cuestión se ha visto exacerbada en las últimas décadas", dijo Federici al justificar la decisión del organismo de relajar los controles sobre la evasión tributaria y concentrarse en el narcotráfico, trata de personas y financiamiento al terrorismo.

Completó: "Por eso es que la decisión de muchos ahorristas argentinos, en años recientes, de proteger su riqueza, de proteger sus ahorros en leyes más seguras o en monedas más estables termina siendo una decisión, en nuestro contexto, entendible. Una decisión razonable, tanto desde el punto de vista legal como económico. Aún cuando esas prácticas, desde el punto de vista técnico jurídico, terminaron posicionando aquellas personas en situación irregular frente a las autoridades impositivas".

Además, dijo que la "presión regulatoria" había generado mayor informalidad y sostuvo que la inclusión del delito de evasión como delito precedente del lavado de dinero que se incluyó en la recomendaciones del GAFI fue "el resultado del lobby de aquellas ONG y grupos vinculados a la lucha contra la evasión impositiva trasnacional, que aprovecharon una gran oportunidad con posterioridad a la crisis financiera del 2008, donde los países centrales o con sistemas financieros más importantes se vieron antes la necesidad de aumentar su recaudación impositiva".

"Lo que se está viendo a nivel global es una enorme dificultad de los bancos de poder compatibilizar el uso del mecanismo preventivo para luchar contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo con la lucha contra la evasión. Y esta dificultad han llevado a muchos bancos globales a retirarse de mercados donde ese ejercicio resulta de implementación práctica imposible. Sobre todo en las regiones emergentes caracterizadas por grandes niveles de informalidad", dijo al realizar una defensa de la crema del sistema financiero.

Insistió: "Para hablar en criollo, cuando uno habla con banqueros internacionales te dicen 'mirá yo el riesgo de crimen organizado, narcotráfico, terrorismo, te lo puedo controlar. Más o menos puedo determinar si un cliente, en cualquier plaza latinoamericana, es un narcotraficante o tiene riesgo de ser un traficante o un terrorista. Ahora si tengo que gestionar el riesgo de que ese cliente sea o no un evasor, me estás pidiendo una misión imposible'. Porque en países como los nuestros, un porcentaje muy alto de la población evade o evadió impuestos".

Al término de las exposiciones, el juez López Biscayart festejó las palabras de Federici. "Mariano tenía razón, algo cambió en este país", dijo antes de hacer la primera de las dos preguntas y cerrar, hábilmente, el encuentro sin dar margen a preguntas del público, tal como estaba previsto en el esquema original.