¿Qué vamos a hacer con los 90s? ¿Ya estamos listos para traerlos de vuelta y respetar el debido pastiche o será que los ecos de la plata dulce nos ponen sensibles y seriotes? Y cuando eso pase: ¿será con el homenaje propio de la nostalgia, será con crítica cultural consciente y renovada o vendrá con algún ribete campy? Homealone se nos adelantó y nos dio una respuesta inesperada. Una puesta teatral televisiva, pero televisiva a lo Cine Shampoo. Si la TV como la conocíamos –como nos enseñaron los 90s: con una antena tipo orejas de conejo y domingos pochocleros en el sillón de casa–ya no volverá jamás, entonces estamos listos pensar ese ciclo clausurado y ver cómo nos pegó.

¿Y cómo nos pegaron los 90s? La respuesta que tiene esta obra es fascinante porque nos presenta a una nena –la indiscutible protagonista –desde una construcción absolutamente quijotesca. Y no se confundan porque Homealone no es una parodia; es otra cosa. Pero esta nena se hace la misma pregunta que se hizo Cervantes: ¿qué pasa si veo el mundo de a acuerdo con mi repertorio cultural que lo devora todo como una picadora de carne, tanto, que quienes quieran decirme que el mundo es otra cosa, se van a cansar antes que yo? Entonces tenemos a una nena esperanzada que aguarda huir a Disney conducida por unas ratas maléficas que cuidan las puertas de acceso a la morada del ratón Mickey. Pero no solo eso. El padre de la nena, obsesionado con Mi pobre angelito, desea recrear cierta escena –no les digo cual, pero les digo que es la más icónica de la película –al punto tal de escarmentar a una joven muchacha que confunde esta fantasía con el deseo con algo más.

Entre el living de la familia americana promedio, el indispensable garaje, y el patio delantero con su aro de basquetbol, la industria cultural de los 90’s (procesada) funciona como la apertura del signo de interrogación para preguntas que involucran la identidad, la sexualidad y también el erotismo, la crisis adulta, los roles paternos y la organización familiar. Y esto, les garantizo, no se lo esperaban porque nadie tuvo alguna vez tanta fe en los 90s.

¿Y cuál es el soporte para esta historia? Ya van a ver. La instalación nos permite experimentar desde un travelling obligatorio hasta un reality show documental doblado al castellano mejicano, pasando por segmentos musicales. Hace falta una máquina de lenguaje para devolver los 90s y Carla Grella no se olvida de nada.

Homealone se puede ver en el Centro Cultural Ricardo Rojas (Av. Corrientes 2038) este sábado (¡es la última función por ahora!) a las 21 hs y a las 22:30 hs.

En esta nota