Hace unos días participaba de una de las habituales reuniones que tenemos con comerciantes e industriales dentro del espacio que hemos denominado Frente Productivo y llegó a la mesa un nuevo participante. Nuestros encuentros son en un local a la calle y cualquiera que quiera sumarse puede hacerlo libremente.

Entró por la puerta un hombre alto, con una pequeña carpetita negra bajo el brazo, llena de folios en su interior, y pidió participar por primera vez de estos debates. Permaneció en silencio durante casi toda la tarde, hasta que promediando el encuentro contó que es dueño, junto a un socio, de un natatorio en el sur del conurbano, y que están viviendo una situación extrema.

Abrió la carpeta y sacó de los últimos folios seis facturas. Gas, luz y agua de julio 2015 y de julio 2017. En 24 meses, a este comerciante los servicios se le multiplicaron por siete. En concreto, pagó 32.264,55 pesos en julio de este año, cuando en 2015 el importe de los tres impuesto fue de 4.558,65 pesos para igual mes.

En un contexto, además, de achicamiento de la demanda, con un mercado interno deprimido, con vecinos que tienen cada vez menos ingresos para destinarlo a acciones recreativas o deportivas como una pileta de natación.

Yo, con su autorización y, naturalmente, preservando su identidad, decidí que este Día del Empresario Nacional teníamos que estar discutiendo sobre esta problemática.

Hoy, 16 de agosto, se festeja un nuevo Día del Empresario Nacional. Se conmemoran 64 años de la fundación por parte de José Ber Gelbard de la mítica Confederación General Económica (CGE), uno de los pilares peronistas del desarrollo del capital nacional y de la alianza estratégica con los sectores trabajadores.

Desde entonces, las fuerzas productivas argentinas dimos batallas contra las tormentas más diversas, a veces durante períodos interminables y a veces como sacudones violentos que ni los esperábamos.

Pero con mis más de tres décadas al frente de una empresa nunca pensé que iba a asistir a un desguace Pyme tan feroz y veloz como el que nos está tocando transitar en estos tiempos. Y tengo la triste sensación de que gran parte de la sociedad aún no alcanza a ver la magnitud de la crisis en la que estamos ingresando.

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