"Hagamos como si la literatura fuera no solo muy importante sino lo más importante del mundo; supongamos que de algunos libros escritos por una 'dispersa dinastía de solitarios' (Borges) dependen los destinos del país, las realidades en las que nos movemos (no solo morales y sociales sino físicas y geográficas) y con todo ellos nuestras vidas y veamos cuál es el resultado" propone Carlos Gamerro en su "Facundo o Martín Fierro: los libros que inventaron la Argentina" que en estos días acaba de publicar Sudamericana.

Juguemos a eso. Pensémoslo como una posibilidad: cuando decimos que la Argentina es el país "de" Borges, Hernández y Sarmiento, estamos diciendo otra verdad; que a ellos les pertenece, que ellos son sus dueños porque son quienes la escribieron. Vivimos en un libro -o, a esta altura, en una biblioteca - llamado República Argentina. La ficción histórica se escribe escuchando a la ficción literaria. Gamerro recorre este juego con Borges como guía y se detiene en las palabras de Sarmiento, Hernández, Echeverría, Saer, Cortázar, Hudson, Arlt, Lamborghini, el Che, Mujica Láinez (y siguen las firmas). Un país es una ficción hecha de palabras. El "relato" no es un invento del kirchnerismo: la Argentina siempre fue un relato. Una pugna de ellos.

Y la grieta siempre estuvo ahí: o Facundo o Martín Fierro. Explica Gamerro: "Una curiosa convención ha resuelto que cada uno de los países en que la historia y sus azares ha dividido fugazmente la esfera tenga su libro clásico, dice Borges en el prólogo de su antología El matrero (Buenos Aires, 1970), nos da a renglón seguido una lista de autores de tales 'libros nacionales', Shakespeare en Inglaterra, Goethe en Alemania, Cervantes en España, y concluye: 'En lo que se refiere a nosotros, pienso que nuestra historia sería otra, y sería mejor, si hubiéramos elegido, a partir de este siglo, el Facundo y no el Martín Fierro'. (...) esta idea de Borges ha merecido y sigue mereciendo airadas imprecaciones, más que refutaciones, por parte de quienes se colocan en la vereda opuesta: aquellos alineados en corrientes nacional-populares, revisionistas o antiimperialistas, de derecha o de izquierda. Evaluar estas respuestas, y las de aquellos que se ponen del lado de Borges, me parece en principio menos interesante que examinar la pregunta en sí. Porque tanto 'facundistas' como 'martinfierristas' aceptan la escandalosa premisa de que un libro puede regir los destinos nacionales y, en lugar de señalarla como absurda e improcedente, se pelean por establecer cuál debe ser ese libro."

El recorrido elegido por Gamerro es apasionante. Martín Fierro es escrito para protestar contra la leva de gauchos, pero al gaucho se lo disputan el aristocrático Lugones (que quiere canonizarlo, como defensa ante los gringos que están poblando el territorio), los inmigrantes que lo toman como manual de argentinidad, los anarquistas que quieren convertirlo en un revolucionario y Pino Solanas, que lo convierte en metáfora de Perón. "Facundo o Martín Fierro" es una guía de malentendidos; de aquellos que construyeron ese malentendido mayor que es la identidad nacional.

El curriculum personal Carlos Gamerro incluye novelas como "Las islas" (1998), "La aventura de los bustos de Eva" (2004) y "Un yuppie en la columna del Che Guevara" (2011). Textos donde la historia se manifiesta como farsa y la patria es una comedia de equívocos. "Facundo o Martín Fierro: los libros que inventaron la Argentina" es un ensayo extremadamente entretenido, con humor y agudeza. Una extraña alquimia de seriedad y sana ausencia de respeto. Un laberinto de choques ideológicos. Podemos entrar en él y elegir nuestra propia aventura. Y decidir por quién queremos ser escritos.

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