La presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, estuvo invitada en Cada Noche, el ciclo de charlas inéditas con diferentes personalidades en el rol de entrevistadores, que se emite por la TV Pública, ahora con nuevo horario, desde las 23. Lo que sigue son algunas de las frases más significativas de Carlotto durante su charla con la periodista Silvina Chediek.

"Las abuelas de hoy ya no cuidamos nietos. Las abuelas de hoy están afuera, trabajando. Son cambios muy grandes, nos hemos tenido que ir adaptando".

"Con mi esposo teníamos otro proyecto de vida con nuestros hijos, que se interrumpió con una dictadura cívico-militar".

"Cada abuela hizo lo que pudo y dio lo que pudo. Y creo que las que no pudieron involucrarse, se murieron antes, porque el dolor te consume, te abate, te avejenta. Ese dolor no lo transformaron en una lucha, en una tarea positiva, y en eso se pierde".

"La opción era estar presentes y buscar: buscar hijos, buscar nietos, buscar verdad, buscar justicia, y seguimos".

"El dolor lo llevamos, la llaga está abierta, la ausencia existe, el imaginarse cómo sería el hijo o la hija al que no dejaron envejecer".

"Nos dejaron caminar en la Plaza porque dijeron 'Son mujeres, se van a ir pronto a su casa, déjenlas a estas locas'".

"El momento en que nació Laura, que la sentí llorar y la vi, se me hizo una presencia de la realidad que me tocaba de ahí en adelante por ser mamá, y de que ahora en adelante no dependía de mí, y de mis momentos y mis gustos, sino de esa criaturita recién nacidita. Es muy fuerte eso, por eso quizás las luchas son de las mujeres".

"En el caso de Madres y Abuelas, el tema de la mujer ha tenido un matiz distinto. Porque venían los hombres, nos acompañaban, pero estos uniformados machistas, si ellos manifestaban, probablemente iban a ser secuestrados. Y nosotras decíamos 'Quedate, yo vuelvo', y no sabían si volvíamos".

"Lo bueno de Abuelas fue que no estábamos buscando cada una lo propio, entonces el encuentro de cada nieto era un milagro, una alegría de todas. Es un milagro porque hicieron todo para que no los encontráramos, entonces esa alegría no se opacaba por lo que le faltaba a cada una".

"Empecé a buscar a mi nieto ridículamente, como buscábamos todas, mirando caritas en las casas cuna, o mirando caritas en jardines de infantes. Una abuela miraba a la salida de un jardín, otra sacaba fotos, y no servía para nada, ¿ibas a llevarle una foto a un juez para decirle 'Este puede ser mi nieto'?".

"Teníamos miedo de los infiltrados, entonces inventamos símbolos para distinguirnos. Llevábamos un clavo en la solapa, hasta que decidimos ponernos un símbolo del pañal blanco del nieto o del hijo que buscábamos, y así surgió el pañuelo blanco. Así nos identificábamos las que buscábamos a nuestros familiares".

"En mi familia nunca hicimos política partidaria. Mi papá era radical pero de votar a los radicales, nada más. La información de la prensa monopólica era siempre la misma, muy reducida, así que nos formamos en una pasividad de aceptar las reglas de juego. Pero la generación de Laura ya no. Tuvieron profesores que les contaron lo que no se contaba, porque no fue un grupito, fue en toda Latinoamérica ese despertar para la liberación. Laura empezó tener su militancia y a estar en al Juventud Universitaria Peronista, cosa que nos paró los pelos a nosotros porque éramos todo lo contrario".

"Yo fui escuchando sobre la militancia de Laura y teniendo miedos. Venía escuchando que tal compañerito no volvió más, y nosotros pensábamos 'Te tenés que ir, Laura, te están buscando' y ella decía 'No, yo no hago nada, soy un perejil'".

"Yo le dije 'Laurita, con papá tenemos todo preparado para que te vayas, porque te van a matar'. Ella me contestó 'No me voy a ir, mi proyecto está acá. Nadie quiere morir, todos tenemos un proyecto de vida, pero miles de nosotros van a morir y eso no va a ser en vano'".

"Cuando empecé a buscar a Laura, yo no sabía que estaba embarazada. Cuando le pedí a Bignone por la vida de Laura, le dije 'Si para ustedes ella cometió un delito, júzguenla'. Había un arma arriba del escritorio, y me dijo 'De ninguna manera, los tupamaros en Uruguay se fortalecen en la cárcel, acá hay que matar', entonces le dije que si la habían matado, nos devolvieran el cuerpo, que no me podía volver loca buscando el cadáver".

"Si ellos pensaron que por entregar el cuerpo yo me iba a quedar metida en mi casa llorando, se equivocaron. Porque en ese momento pensé que iba a buscar justicia por mi hija y su compañero, y a mi nietito".

"Siempre pensé que iba a encontrar a mi nieto, siempre tuve fe, esperanza, y en el encuentro de otros se renovaba esa esperanza: encontrar otros nietos era una fiesta. Lo busqué siempre con mucha fe".

"Tuvimos que tener 20 años de convivencia con los asesinos en la calle, con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Pero los organismos seguimos haciendo juicios por la verdad, y cuando cayeron las leyes, ya teníamos los elementos para que se hicieran esos juicios".

"Estos viejitos, babosos pero muy malos, pretenden que se les tenga pena y los manden a la casa. Y eso es muy peligroso porque pueden conspirar: pensemos en Julio López. No son arrepentidos".

"Creo que cuando se encuentren todos los nietos que faltan, todas las personas que no sabemos dónde están sus restos, será el momento de cerrar heridas. Por ahora, cerrar heridas es tapar algo que va a salir en algún momento, esas heridas están abiertas. Toda historia que queda sin juzgar corre el riesgo de repetirse".

"No me molestó el nombramiento de Milani. Yo no lo conocía, nadie lo había estudiado en los organismos de Derechos Humanos como para pensar que tenía algo que rendir en la Justicia. Durante el gobierno de Cristina y Néstor, cada vez que iba a haber un ascenso en las Fuerzas, nos consultaban a los organismos qué nos parecía. Y en este caso pasó lo mismo. Sólo que después empieza esta denuncia tardía, que ahora lo lleva a la cárcel, y lo que queremos es que si es culpable pague, y si no, que se lo libere. La justicia que funcione, para todos".

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