El lunes pasado, el periodista, sociólogo y escritor mexicano Javier Valdez Cárdenas fue asesinado a plena luz del día. Le dispararon a metros de la redacción de Ríodoce, el semanario que lo tenía entre sus fundadores y plumas más destacadas.

Corresponsal del diario La Jornada en Culiacán (capital del estado de Sinaloa), Valdez era una referencia para cualquier periodista o analista que quisiera indagar en las ciénagas del narcotráfico, en uno de los estados más afectados por una violencia criminal que se intensificó desde que el líder del cartel, Joaquín El Chapo Guzmán, fue extraditado a Estados Unidos.

Con la muerte de Valdez, ya son seis los periodistas asesinados en lo que va del año y 125 los comunicadores que perdieron su vida, desde el año 2000, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en México.

Mónica Maristain es editora de Cultura y Espectáculos del periódico digital Sin Embargo. Poeta y biógrafa del escritor chileno Roberto Bolaño, nació en Argentina y se radicó en México hace 18 años. Maristain entrevistó en distintas oportunidades a Javier Valdez y, fruto de esas conversaciones, se hicieron amigos. Pocos meses atrás, le hizo un reportaje por la reedición de su libro Malayerba. Ese fue el último encuentro que compartieron. En este ida y vuelta con Nodal, Maristain despide al admirado colega.

¿Cómo definirías a Javier Valdez y a su trabajo periodístico?

El trabajo de Javier me resultaba increíble y siempre osado. Escribía muy bien, de un modo impecable. Leerlo era entretenido y a la vez impactaba por lo que contaba y cómo lo contaba. Siempre le decía que si no tuviera que escribir sobre el narco, podría escribir de un modo muy logrado sobre cualquier otro tema y siempre se reía cuando le decía eso. Tenía alma de reportero, de cronista, de narrador de historias crudas con un tono muy natural y eso lo hacía especial. Javier escribía como nadie sobre el mundo del narco.

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