"En vos queremos representar a todos los compañeros y compañeras que fueron despedidos. Y le pido a Dios que ilumine a los nuevos directivos para que no haya más despidos", dijo el titular de la Asociación La Ayuda Mutua del Personal de la Casa de la Moneda, Oscar Barila, y levantó una copa para brindar.

Fue durante la cena de fin de año y, por unos minutos, el brindis no se hizo ante las autoridades del organismo, que se habían ido apenas un rato antes y acaban de iniciar la tercera etapa de cesantías. Hasta ahora despidieron a 230 trabajadores, incluyendo personal de planta y dos delegados de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE).

En la fiesta habían estado el presidente de la Casa de la Moneda, Marcelo Javier Pose; y su vicepresidente, José Luis Lacoste. También estaba Fernando Pereyro, encargado de ejecutar la política de despidos que -según había definido la administración macrista- era sólo contra "los que faltaban" o habían tenido algún tipo de inconducta laboral. Esa fue, en realidad, la primera etapa de la política de ajuste, que -según fuentes del área- "diseñó Lacoste".

Lacoste se define como un especialista en "implementación de cambios culturales, coaching gerencial y liderazgo". Gran parte de su carrera profesional la desarrolló en la empresa gráfica estadounidense Donnelley, donde comenzó a trabajar en 1996 y terminó en 2010, cuando fundó Haz Servicios y poco más tarde se sumó a la sociedad de bolsa Lacoste y Cia.


Durante los últimos cinco años que trabajó para Donnelley -que finalmente quebró en 2015 tras un quirúrgico proceso de vaciamiento-, Lacoste estuvo a cargo del área de Recursos Humanos y la "dirección estratégica" de la empresa. "Durante ese período hubo una política de tercerización y subcontratación de empleados", recordó uno de los asesores de los trabajadores que fundaron una cooperativa cuando la compañía estadounidense cerró sus puertas.

"En la primera etapa, en la Casa de la Moneda echaron a 32 empleados de planta y a 168 contratados y monotributistas. La argumentación es que eran faltadores o cosas por el estilo. Después echaron más gente de planta, fueron 13 más dos delegados de ATE. Y hace dos semanas empezaron a echar de nuevo pero sin explicaciones. Ya van 15 trabajadores", explicó un empleado a El Destape.

El efecto de esa política de despidos fue palpable en la cena: un trabajador despedido la semana anterior ganó un electrodoméstico en el sorteo que se hace durante el evento y fue "aplaudido durante algunos minutos", contó un participante de la cena. Eso lo pudieron ver los directivos del organismo que, poco después, hicieron un brindis formal y se fueron del lugar.

El premio para el despedido fue un cuchillo eléctrico. Los chistes sobre el uso que podría darle fueron varios y todos orbitaban en torno a los responsables de su cesantía. Un rato más tarde, Barila llamó a otro brindis. Para eso, le pidió al despedido que subiera al escenario, levantó la copa y pidió a Dios que ilumine a los responsables "para que no haya más despidos".

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