“Lo que si nunca entenderé por qué, si en mi patria hay tanto de todo, unos pocos se llevan tanto y para tantos dejan tan poco”, canta Don Osvaldo y en poco más de un renglón sintetiza una herida histórica de nuestro país, en donde todos los días millones de chicos y chicas se enfrentan a la dura realidad de estar cara a cara con un plato vacío.

El hambre no puede esperar a que lleguen inversiones ni segundos semestres de fantasía. La comida es una necesidad impostergable y urgente. Hoy necesitamos una Ley de Emergencia Alimentaria por la cual el Estado garantice el acceso a todas las familias a una canasta de alimentos básicos adecuada para satisfacer las demandas mínimas nutricionales y de salud para todos nuestros chicos.

Las promesas de “pobreza cero” con las que Macri llegó al gobierno se derrumbaron contra los datos duros del impacto de sus medidas económicas. Según la UCA, entre 2015 y 2016 la tasa de indigencia en niños de 0 a 14 años pasó del 9% al 11,6% y la de pobreza del 43,5% al 48,8%. Si a esto sumamos los datos de UNICEF para 2017, en Argentina hay 5,6 millones de niños y adolescentes pobres de los cuales 1,3 millones están en situación de extrema pobreza o indigencia.

Entre las causas de esta situación se puede destacar que el aumento de precios afectó de forma más violenta a los sectores de menores recursos. La inflación entre diciembre del 2015 y mayo del 2017 fue del 57%, mientras que la AUH aumentó el 49% y el salario básico apenas un 44% en igual periodo.

Este deterioro de la capacidad de compra real influye principalmente en la mesa de las familias de los sectores más postergados de la economía. Alimentos como la leche y el queso sufrieron incrementos de entre el 30 y el 55%, mientras su consumo bajó entre un 20 y un 25% comparado a 2015. Algo parecido pasa con las carnes y harinas, con incrementos de precio de entre un 40 y un 50%.

Todos estos alimentos enumerados, necesarios para una alimentación saludable, son los que más escasean en la mesa de nuestros chicos. Es por todo esto que impulsamos esta Ley, para que el Estado cumpla con su rol consagrado en la Constitución Nacional y garantice los requisitos nutricionales mínimos de niñas, niños y adolescentes. Por un lado, mediante el refuerzo de las partidas presupuestarias a comedores y merenderos, quienes actualmente asisten de forma gratuita al 26% de la población de entre 0 y 16 años. Por el otro, por medio de la creación de una Canasta Básica de la Economía Popular, la cual deberá ser provista en su mayoría por pequeños productores y agricultores familiares y será vital para fortalecer la soberanía alimentaria.

Nosotros estamos convencidos de que no hay nada más urgente que el hambre de los pibes y pibas, una responsabilidad que el Estado no puede delegar y que necesita convertirse en una política prioritaria en nuestro país. De eso depende el presente y futuro de todos los argentinos.

*Lucila De Ponti – Diputada Nacional Movimiento Evita - CTEP