La Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), contratada por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para avanzar en una reforma fiscal, educó política y económicamente a los hermanos Roberto y Juan Alemann, Guillermo Walter Klein y José Martínez de Hoz. Todos ellos integraron el equipo de conducción del Ministerio de Economía durante la última dictadura cívico-militar y definieron los ejes de ese proceso: apertura de las importanciones, destrucción de los convenios laborales, desincentivo de la industria local, toma de deuda con el Fondo Monetario Internacional y nacionalización de las deudas que habían pedido las empresas privadas.

“A partir de 1976, FIEL viviría sus años de gloria, cuando los sucesivos gobiernos militares y ministro de Economía ligados a la entidad instauraron, a sangre y fuego, el dominio casi hegemónico de las doctrinas ortodoxas dentro y fuera del ámbito empresarial”, sintetizó el historiador Hernán Ramírez en su libro “Corporaciones en el poder”, donde analiza la conformación de algunos think tanks fogoneados por los grupos de poder para imponer políticas favorables a esas mismas estructuras económicas.

FIEL fue fundada el 7 de febrero de 1964 por iniciativa de la Unión Industrial Argentina (UIA), la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Pero a partir de 1976 se produjo una incorporación masiva de entidades financieras como patrocinadores, que fue modificando el peso de cada sector de la economía en esa usina de políticas públicas pensadas desde el sector privado.

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Por allí pasaron, entre otros, José Luis Bour, Juan Carlos De Pablo, Pedro Pou, Lorenzo Sigaut, Adolfo Sturzenegger (padre el jefe del Banco Central, Federico Sturzenegger) y Enrique Szewach. “Muchos habían realizado o realizarían estudios en el exterior, casi exclusivamente en universidades norteamericanas, financiados por programas de FIEL en convenio con otras instituciones, como la pionera Ford Fundation”, indicó Ramírez.

Entre 1976 y 1983, FIEL aportó dos ministros de Economía, Roberto Alemann y Martínez de Hoz; un secretario de Hacienda, Juan Alemann; y un secretario de Estado de Programación y Coordinación Económica, Guillermo Walter Klein, entre otros muchos funcionarios y asesores de menor rango. Ellos fueron los encargados de desplegar la política económica.

“La apertura asimétrica del mercado de bienes, junto a la reforma financiera de 1977, abrieron un período histórico donde la estructura productiva se reordenó en torno a un reducido grupo de actividades ligadas al aprovechamiento de las ventajas comparativas naturales de nuestro país. En este esquema no sólo se desarticuló políticamente la clase trabajadora industrial, sino que arrastró consigo a todo el universo de asalariados, en un proceso que incluyó el incremento sistemático de los índices de desocupación, pobreza y miseria”, detallaron los economistas Juan Fal, Germán Pinazo y Juan F. Lizuaín en su trabajo “Notas sobre la post-convertibilidad: los límites a la mejora en las condiciones de vida de los sectores populares”, publicado en 2009.

Todo ese andamiaje de medidas económicas, que incluyó la reforma de la ley que controlaba el ingreso de las inversiones extranjeras (Ley 20.557) y de la norma que monitoreaba el sistema financiero, posibilitó una “reprimarización del aparato productivo, que derivó en una caída estrepitosa del empleo industrial y del salario. Entre 1974 y 1994, según los censos económicos, la industria perdió más de una tercera parte de sus empleados, mientras el salario real se contrajo un 40%”, precisaron Fal, Pinazo y Lizuaín.

A partir de 1983, la influencia de FIEL fue retrayéndose. Ramírez, que estudió también el funcionamiento y rol de la Fundación Mediterránea, consideró que ese retiro podría tener relación con “los estragos cometidos en el área económica, que llevaron a la mayor parte de la población argentina, incluídos muchos industriales, a experimentar una profunda animadversión por las posturas ortodoxas, y sus 'gurúes' cayeron igualmente en desgracia momentánea”. Pero esa retracción se modificó durante los 90 y volvió a producirse tras la crisis de diciembre de 2001.

“Desde sus inicios, FIEL encarnaba los intereses de los sectores más concentrados del empresariados argentino y del capital extranjero, como se observa al cotejar la lista de empresas patrocinadoras de la entidad y las posiciones que ocupaban en los ránkings de empresas líderes”, completó Ramírez en su trabajo.