El Gobierno avanzó sobre la AFA y los clubes y les reclama una deuda a la vez que anunció que incrementará la presión impositiva, en un contexto de recesión que afecta consumos como la de los espectáculos deportivos. Eso, sumado al fin del Fútbol para Todos, conforma un ahogo financiero que conduce a un viejo anhelo de Macri: las sociedades anónimas deportivas. La privatización del fútbol.

Esta historia tuvo un comienzo lejano: el 20 de julio de 1999. Una reunión de dirigentes en el predio de Ezeiza discutiría un proyecto de "españolización" del fútbol argentino llevado por el presidente de Boca en aquel entonces. Macri quería sancionar a los clubes que no tuvieran deudas, imponer un torneo largo con dos descensos y dos promociones y convertir a los clubes de asociaciones civiles sin fines de lucro en SAD. Copiar el modelo de la Liga, a fin de cuentas.


El resultado fue contundente: la moción de Macri perdió 39 a 1. Solo tuvo visto bueno la incorporación de las promociones, que se aplicarían a partir de la temporada 99/00. Curiosidades del destino: la propuesta del mandamás de Boca causó, 12 años después, el descenso de River a la B Nacional.

En 2001, llegó a presentar públicamente el proyecto y proponérselo a Cavallo y Patricia Bullrich, recuerda el diario La Nación. En una conferencia de prensa que dio en las instalaciones de Boca, Macri explicaba los lineamientos generales: había un "núcleo deportivo", que consiste en los derechos federativos de los jugadores, el nombre, los colores y otros elementos que hacen a la identidad que el capital privado no podría modificar. El resto quedaba sujeto a la Ley de Sociedades Comerciales.

La privatización, hoy

En marzo de este año, Macri reflotó su idea. En una entrevista a Radio Mitre, destacó: "Soy de los que creen (en implementar) optativamente la figura de la sociedad anónima. El fútbol argentino lo tiene que aceptar. El club que quiera lo hace, y el que no no lo hace. Ya sea con una u otra figura, los clubes tienen que respetar sus compromisos, pagar los salarios e impuestos, tienen que tener las canchas en orden para que no corra riesgo la gente".

Ante esta avanzada, ya hubo clubes que se expresaron al respecto. El presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, dejó en claro el 30 de noviembre que "el club es de los socios". Fecha para nada casual: ocho días atrás, Macri eran consagrado como presidente electo de la Nación.

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Luego, el presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, también se sumó a la avanzada anti-privatizadora. "No es verdad que para tener éxito hay que tener una sociedad anónima", recalcó este último mes, cuando recordó que "el fútbol argentino hizo crecer a toda la infraestructura social" de los clubes.

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El combo que anunció el Gobierno el último jueves es explosivo para los clubes. Por un lado, cierra la canilla de la principal fuente de ingresos con el fin del Fútbol para Todos, inclumpliendo una promesa de Macri de la última campaña. Por otro, aumenta los gastos, reclamando una deuda con el fisco que en otros casos al Estado le parece tolerable y subiendo la presión impositiva en un contexto de recesión. Menos ingresos, más gastos en el corto plazo, una maniobra que roza la extorsión.