En las recientes elecciones presidenciales en Ecuador el gobernante Alianza País obtuvo un millón de votos más que CREO, liderado por el banquero Guillermo Lasso. También consiguió la mayoría en la Asamblea Nacional y un contundente apoyo en una consulta popular para evitar que los funcionarios públicos puedan tener dinero en paraísos fiscales.

Sin embargo, el domingo 19 a la noche cuando uno recorría la ciudad de Quito se podía percibir que festejaban los vencidos, y los vencedores se replegaban tristes en vez de salir a festejar. ¿Cómo se explica esta situación?

En el sistema electoral ecuatoriano, un candidato puede triunfar si alcanza el 40 por ciento de los votos y una diferencia de 10 puntos de su más inmediato perseguidor. En la noche del domingo, escrutados más del 80 por ciento de los votos, el candidato de Alianza País -Lenín Moreno- estaba muy cerca de alcanzar el 40 por ciento que le permitía ser electo presidente sin necesidad de una segunda vuelta.

Pero estar muy cerca no es sinónimo de alcanzar la meta. En cambio, el candidato opositor, el banquero Guillermo Lasso, rápidamente se apresuró en sentenciar que habría segunda vuelta y que él la ganaría, y que cualquier otro escenario sería producto del fraude.

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