Reabre sus puertas el Teatro San Martín de la Ciudad tras cinco años. Pero en medio recibió fuertes cuestionamientos.

"Integrantes del Ballet Contemporáneo, del Grupo de Titiriteros y del Taller de Danza Contemporánea, junto a un numeroso grupo de actores, artistas aéreos, músicos y técnicos, montarán un espectáculo en un escenario ubicado sobre la avenida Corrientes que contará la historia del Teatro San Martín", dice la gacetilla oficial de la Ciudad sobre este hecho.

Pero la agrupación Escena Política salió a criticar la reapertura. "No tenemos nada que festejar frente a un estado de situación que implica desocupación y precarización laboral de los artistas y restricción al acceso a la cultura de los múltiples públicos", afirman en un comunicado.

"La última obra que se presentó en el Teatro San Martín fue El pimiento Verdi, en septiembre de 2015. Se trató de un musical español que proponía un cruce imaginario entre Giuseppe Verdi y Richard Wagner, para contrastar dos concepciones musicales e ideológicas opuestas. Se cumplirá un año desde el último espectáculo que se hizo en el teatro más importante de la Argentina y que alguna vez fue el más destacado de Latinoamérica", repasa una nota de Tiempo Argentino donde figura su crisis.

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La nota de Tiempo, de septiembre de 2016, da cuenta de la crisis del teatro: “Hace 30 años que estoy en el Teatro San Martín y nunca estuvo tanto tiempo cerrado. La realidad es que el edificio se vino cada vez más abajo y nosotros empezamos a notar una desidia por parte de los gobernantes, en no darle presupuesto al teatro para el mantenimiento. Estuvieron degradándose las cosas y en algún momento iba a tener que tomarse la determinación de cerrarlo, porque la situación del teatro era lamentable. Tampoco se invirtió mucho en las salas. Sólo se renovó el Teatro de la Ribera, gracias a un mecenazgo que logró la Fundación Amigos del Teatro San Martín. Mucho del mantenimiento de los últimos años en el teatro se logró gracias a los empleados que trabajan sin materiales, ponen plata del propio bolsillo y hasta traen sus herramientas para trabajar”, dijo Carlos Guarinacci, delegado gremial de los empleados del Complejo y jefe escenotécnico.

LA REAPERTURA DEL TEATRO SAN MARTÍN ES UNA JODA

No tenemos nada que festejar frente a un estado de situación que implica desocupación y precarización laboral de los artistas y restricción al acceso a la cultura de los múltiples públicos. La continuidad de la omnipresencia de Wainrot, a través de su alter ego Andrea Chinetti como directora del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y de su estratégico cargo como representante de asuntos culturales de la Cancillería, es sólo una muestra más del congelamiento y reducción de la imaginación y producción artísticas como de la homogeneización de lenguajes creativos que se sigue propulsando. El cierre de teatros públicos como el Alvear, el desmantelamiento del Polo Circo y la inhabilitación de la Sala Lugones, además de generar una neutralización política del conflicto, restringe el espacio público y conduce, a la larga, a la normativización de las posibilidades de la producción cultural. Luego de más de 3 años de obras edilicias y millones de inversión pública malgastados, la reapertura será en la calle porque el teatro no está en condiciones de abrirse. Festejan con elencos monotributistas contratados y un sinfín de alquileres que refrendan la terciarización sin límite. Sin que aún sepamos cómo y cuánto se gastó en las sucesivas licitaciones de la obra de refacción, se suma el derroche en esta fiesta cínica. La gestión cultural del gobierno porteño ha dejado a miles de trabajadores de la cultura sin espacios de producción y a millones de espectadores sin acceso a la cultura. Nosotras, personas que somos público y que defendemos lo público; nosotras, personas que producimos y disfrutamos la creación cultural social, advertimos en este festejo del Gobierno porteño la complicidad de una obra trucha. Redefinamos los términos de la batalla cultural, no dejemos que esta fiesta de apertura obnubile las discusiones de fondo a partir de una política de cotillón que se retroalimenta de las imágenes a ser exhibidas y reproducidas en los medios. La reapertura del Teatro San Martín es una broma de mal gusto, una joda. Y el Rey está desnudo.

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