La revista Anfibia analiza la situación de los medios luego de que C5N despida a Roberto Navarro para censurar las investigaciones de sus programas. Ahora, los canales con mayor audiencia se montan al oficialismo.

“El rating no es garantía de continuidad”, explica la publicación en un artículo firmado por el especialista Martín Becerra, ya que Navarro no fue despedido “por las reglas de mercado sino porque es indigerible en el nuevo mapa político”. “El periodista oficia no sólo como ruidoso portavoz de un segmento del kirchnerismo, sino también como espacio de catarsis”, aclara.

“Desde la asunción de (Mauricio) Macri, los medios con mayores audiencias viven una etapa de oficialismo desaforado. Conductores radiales y televisivos se presentan no sólo como exégetas del guión oficial -lo que no es novedoso en el periodismo vernáculo, altamente dependiente de la conducción estatal-, sino como vectores de una mayor polarización”, indica.

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“Desde sus micrófonos exigen el escarnio del pasado y mayor confrontación a los propios funcionarios gubernamentales. Con un goce que sonrojaría a cualquier cultor de la ideología de la independencia periodística, los medios oficialistas destinan el presente a oponerse a una parte de la oposición”, razona la publicación.

“El gobierno es consciente de la alta dependencia que tiene el sistema de medios del Estado, de sus regulaciones y de sus auxilios selectivos. Y los usa. Aunque Indalo Media, Electroingeniería o el Grupo Octubre logren construir medios competitivos (y no siempre lo hacen), sus conglomerados dependen de lazos múltiples con el Estado que los fuerzan a desarrollar en simultáneo varias negociaciones ‘paritarias’ donde rige el quid pro quo (esto por aquello)”, muestra Martín Becerra.