Por Sebastián Dunphy

Azul Blaseotto es artista visual y docente universitaria. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón/ UNA Universidad Nacional del Arte en Buenos Aires y realizó el master de posgrado Art in Context en la Universität der Künste de Berlin, Alemania. Trabaja en proyectos de investigación artística desarrollando intervenciones en el espacio público e instalaciones. Sus dibujos, fotografías y videos visualizan políticas culturales normalizadoras, historias marginadas de los relatos oficiales, y el modo actual y antiecológico de vivir. Co-dirige junto a Eduardo Molinari el espacio cultural "La Dársena: Plataforma de Pensamiento e Interacción Artística" y la editorial "unproblema+".


ED: ¿Qué presentaste en el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata?


AB: Presento una investigación con métodos artísticos en formato instalación que se llama "El Futuro" y tiene que ver con el desarrollo de una economía portuaria alternativa que está llevando a cabo la Cooperativa Astillero Navales Unidos en el puerto de Dock Sud. La instalación se compone de pintura, fotografías y dibujos. Me interesa mucho la convergencia de distintas resoluciones visuales porque me permite generar distintas capas de lectura e interpretación, tanto de la obra como del fenómeno al cual se refiere.

ED: ¿Cómo fue la experiencia de tu trabajo en la exposición?

AB: Muy buena. Al momento de convocarme el curador Rodrigo Alonso yo venía de haber realizado otro trabajo de investigación sobre cómo surgió el Museo de arte contemporáneo de mar del Plata. En 2013 monté una muestra individual donde pude reunir esa investigación en una publicación y una instalación, también con fotos y dibujos e historietas. Así que para mí fue un deseo cumplido poder habitar la institución que tan bien conocía y hacerlo además desde el lugar de artista expositora. El guión curatorial de Alonso porpone un diálogo entre la obra de Quinquela Martín y la mía "El Futuro". En lo personal es muy fuerte y altamente energizante entablar un diálogo semejante alrededor de un eje constitutivo de mi práctica, como lo es el trabajo portuario, con uno de mis referentes artísticos.

ED: ¿En qué consistió tu investigación previa sobre el museo?

AB: La obra, que terminó llamandose "Negocios inmobiliarios, clase y naturaleza en colores ¿cómo construir un museo?" nació de la sorpresa y la perturbación de estar caminando un día por Mar del Plata y ver un cartel de obra que decía "Acá se está construyendo el mar".

¡¿Cómo "acá se está construyendo el mar?¡El mar está ahí, está dado, es naturaleza. Por un lado, el discurso textual, pero y además, el discurso imagético: cuando uno miraba la foto que había en el cartel, una proyección de lo que sería la obra, eran tres cubos de hormigón armado a la orilla del mar, sobre una plaza seca, bajo el rayo de sol, sin un solo árbol. Eso me llevó a reflexionar sobre cómo se plantea la obra pública desde el punto de vista de cementar los espacios verdes y la mismísima orilla del mar.

Por supuesto que eso pretendía ser una ocurrencia "divertida" de marketing ciudadano, pero por eso mismo me fue urgente señalar un urbanismo entendido como administración de llenos y vacíos y no como dimensión vital de disfrute del entorno natural dado; una cultura basada en el marketing; y una casa para lo contemporáneo que tanto en lo arquitectónico como en lo simbólico retoma parámetros modernos cuestionados y resistidos. Me pareció además que se podía vincular con la historia de la obra pública en la Argentina, con cómo se conciben los museos y también con la historia de la construcción de museos públicos en la argentina.

ED: En el libro hablás de un concepto interesante que es el de la "subjetividad baldosa"

AB: Con subjetividad baldosa me refiero a una actitud negadora del entorno natural dado, el miedo a lo agreste, y en general una visión totalitaria del espacio público. Me pareció advertir, en esta vocación de llenar de cemento, luz artificial, seguridad y recorrido disciplinado una manera de ocupar y usar el espacio que se aleja paulatina y paradójicamentemente de la concepción pública del espacio, y de su dimensión de disfrute. Por otro lado, no se puede dejar de advertir que esta es una vocación histórica de la ciudad. Las primeras ramblas y los recorridos ajardinados de principio de siglo XX fueron arrasados por la concepción autoritaria de la gobernación fascista de los años 30 que tenemos hasta el día de hoy. Del mismo modo que los lobos marinos originarios que nadaban en la orilla fueron primero cazados como deporte y luego suplantados por los souvenirs de piedra.

ED: ¿Qué ocurrió entre tu investigación previa del museo de Mar del Plata y esta invitación que te hicieron para participar en el mismo museo?

AB: Para mí fue muy bueno ya que me dio la oportunidad de conocer el funcionamiento interno del museo, ya no como "cáscara" arquitéctonica y expresión simbólica de una manera de vivir la ciudad, sino como institución viva, y desde el momento mismo de su nacimiento.

Por otro lado yo lo leo como evidencia práctica de que se puede hacer crítica institucional y no ser marginalizado por ello. Y en esto destaco en primera instancia la figura de un curador como Rodrigo Alonso. Pude conocer cómo funciona el museo en su interioridad concreta, es decir, quienes montan y desmontan muestras, de qué manera; cómo son gardadas y cuidadas. En este sentido el museo tiene unos trabajadores que son un lujo. El equipo de montaje bajo la dirección de Alejandro Obuljen es muy profesional, su equipo está además conformado por artistas. También tienen un equipo de guías muy atentos a la obra y sus detalles de producción y sentido, para luego poder trasmitírsla al público que visita la muestra. La parte humana del museo y más directa, digamos de atención al público y de atención al artista, es muy buena y fluída. De ahí para arriba, es otra historia.

ED: ¿En qué sentido?

AB: El museo depende del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, dirigido por Jorge Télerman, un funcionario que suele tener buenas ideas -esta fue una de ellas- pero en mi opinión el caso del MACPBA es necesario marcar algunos puntos. El museo nació sin colección propia. Es deseable que se implementen políticas de adquisición de obras contemporáneas, y nuevas. Hay que evitar que la colección se conforme exclusivamente mediante donaciones de otros museos. El Estado debe invertir en los artistas. Por otro lado, hasta ahora no ha habido concursos públicos para los cargos de director del museo, curador, equipo de documentación, biblioteca, etc. Teniendo en cuenta el hecho a destacar de que éste es el primer museo público construido en el país especialmente para ser un museo de arte, y además de arte contemporáneo, su gestión y política cultural debería ser ejemplar, destacando en todo momento la importancia y necesidad de lo público.

En el caso del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, el MamBA. Que después de la gestión de Laura Buccellato y las asambleas de artistas que hubo se designó a dedo desde el Gobierno de la Ciudad a la curadora Victoria Northorn para que retomara la dirección de la institución. Considero que las instituciones públicas están para servir a las comunidades donde se insertan y deben por lo tanto respetar y representar la voluntad democrática.

En otro orden de cosas el desafío actual del museo tiene que ver con asentar sus bases en el tiempo. Es decir, echar raíces en la cultura cotidiana de Mar del Plata y la Provincia de Buenos Aires, mantener su carácter público más allá de la gestión política actual. Eso se logrará si se entiende al museo como un bien público para la difusión, ampliación y conservación de nuestra cultura.

ED: ¿Dónde te dejan parada las tensiones que se generan entre tu obra previa sobre el museo y lo expuesto actualmente?

AB: En el lugar de habitar con alegría las paradojas. Sigo trabajando en las líneas de crítica institucional y proyectos site-specific mediante registros híbridos de dibujo documental, fotografía y ensayística.

Con respecto a la obra que está expuesta en el museo, sigo trabajando con el Astillero Navales Unidos. No quiero revelar lo que estamos haciendo, pero tiene que ver con las economías que surgen alrededor del mundo del trabajo. Trabajar con un astillero es siempre un work in progress.

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