El 3 de diciembre de 1998 llegué por primera vez a Caracas para presenciar el triunfo electoral de un casi desconocido Hugo Chávez que apareció como un huracán que se llevaba puesto una agonizante Cuarta República construida por los dos partidos políticos más importantes que les permitía el reparto del poder. Los socialdemócratas de Acción Democrática (los llamados “adecos”) y los social cristianos de COPEI (los copeyanos) no sólo se repartieron el poder político, sino también las gigantescas ganancias que dejaba el petróleo y que no derramaban hacia los sectores populares. Revisando los papeles de aquella época encuentro que un porcentaje muy alto de la población vivía en la pobreza.

En ese entonces muy pocos periodistas habían llegado a Caracas para cubrir las elecciones porque Venezuela no “figuraba” en el escenario internacional, salvo por el petróleo y la revuelta popular de 1989 conocida como “caracazo” que había dejado más de 3 mil muertos por la represión dirigida por el presidente “adeco” Carlos Andrés Pérez.

Casi veinte años después Venezuela ocupa espacios rutilantes en muchos de los periódicos más importantes del planeta; Estados Unidos sanciona a su presidente y a varios ministros, y varios gobiernos de América emiten comunicados con regularidad para referirse a la situación interna del país, como sucedió el pasado 31 de julio con la elección a una Asamblea Nacional Constituyente.

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